Desfile político por el plató


La semana televisiva terminó como arrancó: con un político en el prime time (anoche hubo hasta tres). Planeta Calleja, El Hormiguero, El Intermedio o Al Rincón de pensar son solo algunos de los programas por los que, en procesión, desfilan los candidatos a la Moncloa (no todos), en una tendencia imparable que puede acabar en saturación.

Hasta el momento la audiencia da la razón, con liderazgos en pantalla, a este frenesí político, un respaldo que anima también a las cadenas a explotar la fórmula. Pablo Iglesias, con su cante ante Pablo Motos (y el arrastre de la Liga de Campeones), dio al espacio un récord histórico, un éxito que al líder de Podemos le sirvió, a pesar del varapalo del CIS, para remontar el vuelo en televisión. Menos tirón tuvo Pedro Sánchez en TVE, en una prueba de que el formato clásico de entrevista no levanta la misma expectación.

Hoy en día es el entretenimiento, más cercano y mediático, el que garantiza popularidad, simpatía y shares de lujo. Por ello, pocos políticos se resisten a bailar o a pilotar en un rali. Es el riesgo de la fama. Las dudas surgen cuando esta moda, para algunos desquiciada, impulsa a los líderes a confundir audiencia y número de votantes o logra que su imagen acabe desvirtuada. El público podría llegar a tener más interés por saber qué hacen, y no qué dicen, en el plató.

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