Un valle de lágrimas

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

TELEVISIÓN

16 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Nos hemos echado al drama de una manera desconsolada. Las viejas fórmulas de entretener apelando al mejor humor y jugándosela a la risa han quedado relegadas al valle de lágrimas. No hay más que ver la deriva de los realities y del propio concurso estrella de Televisión Española. Masterchef empezó sumando adeptos con el buen rollo entre el jurado y los aspirantes y tres ediciones después es un auténtica fábrica de llantos, y no precisamente por pelar cebollas. Cada «round» culinario se agota en ojos desbordados y una tensión molesta que incluso ha salpicado a la presentadora, Eva González. Que también ha pingado. El ánimo televisivo se ha roto en favor de lo que ahora está aupando la audiencia y cada programa asume su share en esa relación directamente proporcional. Le pasa también a Supervivientes que, como es tradición, se construye desde la isla de las malas babas. No hay día en que alguno de los concursantes no saque los mocos por el desamparo de saberse solo (cobrando una millonada), por el desconsuelo de perder un peine o la asfixia de una prueba en la que se quemen un poco más como la del jueves que hizo arder el plató. Pero ni una lágrima cae en la arena si no es para levantar un pelín más el porcentaje de éxito. Claro que con tanto llanto no han hecho más que quitarle, qué ridículo, toda la emoción.