El chulo de bar se va a Twitter


Siempre ha estado ahí. Lo conocemos todos. Odia a los madrileños. A los gais. A los del Barça. A los chinos. A las beatas. A los fachas. A las feministas. A los curas. A las niñas que llevan la falda corta. Y al barrendero que, en vez de usar la escoba de toda la vida, limpia con una mecánica. Odia, sin más. Pero en voz alta. Se pone en la barra del bar y empieza a soltar veneno. Busca interacción, gasolina para su fuego odioso y solitario. Si alguien lo recrimina experimenta placer y, con otro trago mediante, se refirma más en sus lunáticas convicciones. Con chulería y desprecio, saltándose las reglas de convivencia.

Ahora ese chulo de bar habita en Twitter. La audiencia es inmensa y sus burradas pueden llegar a tener gran eco si se hacen virales. El martes, tras difundirse la noticia del accidente del avión de Germanwings, apareció. Se cagó en todo porque le estropeaban su visionado de Mujeres, hombres y viceversa por un suceso que le importaba un pito. Jaleó que fueran catalanes una buena parte de los muertos. Y lanzó unos chistes denigrantes con las víctimas. Manos a la cabeza. ¿Cómo es posible que una mente humana pueda fabricar tanto odio? Luego, lo piensas y te das cuenta que es él, el mismo que incordia en los bares con su odio. Un residuo social que se adapta a los tiempos. La mala hierba que nunca muere.

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