El penalti de Iniesta


De toda la palabrería que ha encumbrado a Sara Carbonero, alias Juana de Arco para las ultrafeministas, alimentada por los que no ven más allá de un pelo Pantène, a mí me interesan las palabras que no se han dicho. Me interesan las de Iniesta y todo el trabajo discursivo que se genera en unos segundos delante de una cámara para salvar una conversación entre dos personas que supuestamente se aprecian. Porque en ese marco relacional, el de Fuentealbilla brilló con elegancia secana regateando la tensión comunicativa. A la pregunta trampa: «¿Te hubiese gustado tirar un penalti?», él evitó el gol en propia meta con un «Bueno? de hecho he tirado el segundo». Solo los lingüistas saben de la importancia de esos conectores -bueno y de hecho- que mitigan la respuesta no preferida en el cambio de turno de la conversación. No se hizo el silencio, ni siquiera un «¿cómo dices?», ni una cortante admiración («¡Pero si he tirado uno!»). No. Solo una vuelta cortés para contraargumentar la metedura de pata de la periodista. De todas las opciones que la lengua pone a disposición de un futbolista de leyenda, Iniesta escogió la menos hiriente para invertir la orientación de lo que le estaban preguntando. Esa capacidad instintiva para ponerse en el lugar del otro y responder lo que uno quiere es digna de un crac que no colecciona botes de gomina. Cristiano no hubiera contestado así. Ni Balotelli. Y un gallego?, un gallego hubiese hecho malabares con la retranca: «¿Te hubiese gustado tirar un penalti?»? «Y pienso que marqué el segundo, ¿no?».

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