Guionistas y escritores latinoamericanos defienden la esencia del culebrón, que se reinventa y cada vez tiene más éxito en las televisiones extranjeras
25 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.¿Por qué unas historias tan simplonas y pasionales como son las telenovelas latinoamericanas gustan tanto fuera? ¿Por qué se adaptan o se convierten en un producto más masivo que en sus países de origen?, se preguntan autores y guionistas de este género, reunidos en Madrid para debatir sobre su calado social y su éxito.
Ellos mismos se responden: es el espectáculo de los sentimientos, que iguala a las personas, y la ausencia de pudor para manifestarlos. Desde títulos como Cristal , un éxito sonado hace más de veinte años en España, a las actuales Yo soy Betty, la fea y Sin tetas no hay paraíso , los culebrones siguen siendo un fenómeno social que trasciende fronteras y que triunfan también en adaptaciones, pero únicamente cuando estas mantienen la propia esencia del relato original.
Escritores y guionistas de distintos países latinoamericanos coinciden en el mismo argumento. El venezolano Alberto Barrera Tyszka mantiene: «Estamos orgullosos de ser tan impúdicos a la hora de mostrar abiertamente nuestros sentimientos. Somos países de boleros, de rancheras, que cantan esas íntimas pasiones por las calles. Lo impúdico es una virtud». Precisamente es ese espectáculo de lo sentimental lo que interesa no solo en países europeos como España sino en otros considerados como fríos, desde Rusia a Finlandia, «porque el mundo cambia, pero los sentimientos son comunes a toda la humanidad», subraya el español Andrés Perruca, que ha puesto música a distintas telenovelas. «Los sentimientos, cuanto más truculentos y exagerados, mejor», añade.
En este mismo sentido se manifiesta el guionista colombiano Daniel Samper. «La propia Biblia tiene muchos elementos de telenovela, toda la truculencia del mundo», dice. «Además, no tenemos temor a la cursilería porque nos ha facilitado desatar la caja de sentimientos y pasiones. Un país que inventó el bolero no tiene que temer ser cursi. Somos así y lo aceptamos felizmente», prosigue.
Fuentes universales
Pero las telenovelas latinas beben de fuentes universales, de los melodramas del siglo XVIII, de la novela del siglo XIX, obras donde se relata la búsqueda de la identidad de los protagonistas. Hijos que buscan sus orígenes, a un padre o una madre perdida, chicas embarazadas o madres de las que se abusa. Así lo interpreta la escritora argentina Nora Mazziotti.
En estas situaciones, afecta también el mestizaje. Es más, para el cubano Reynaldo González, la cultura iberoamericana tiene un importante poso español. La tradición de novelas como La malquerida y otras obras donde el honor, el prestigio, la honra, situaciones en las que una muchacha da un mal paso, la divorciada que quiere vivir el último suspiro, la solterona, el propio teatro español de la época, son las deudas del ayer. Todo hace pensar a este guionista que «la cultura iberoamericana refleja la cultura española».
Los guionistas y escritores latinoamericanos ven en Almodóvar un referente de la recuperación de «esa cursilería» que consideran tan suya. Como reflexión general, entienden que todo lo que sea ahondar en la cultura popular será un factor de éxito.