El plan de salvación de TVE pasa por ajustar sus plantillas «prejubilando» desde los cincuenta y tantos. No echaremos en falta a quienes no salían en pantalla, pese a haber grandes profesionales a los que obligan a dejar el canal y el medio televisivo. Tiene mucho de injusto por más que se venda como algo inevitable y allá en la pública si consideran que el capital humano pesa mucho menos que el económico. De aquí a unos meses, se incrementará el goteo de marchas. Los hombres del tiempo Maldonado y Montesdeoca, periodistas como Agustín Remesal, Rosa María Calaf o Enrique Peris, entre otros, ya anunciaron su marcha. Incluso el peculiar Antonio Gasset. Quien se adelantó fue José Ángel de la Casa, que el pasado miércoles comentó su último partido de fútbol, el España-Islandia. Pese a declarar que se iba sin dolor, sus ojos acuosos le traicionaron en la despedida. Más que cerrarse una etapa en la primera cadena pública, es también un carpetazo a un modo de entender la tele. Cierto que esos profesionales procedían de tiempos de televisión única y ahora el panorama está tan raro que ni lo reconoce su señora madre. Hablamos de informadores capaces de poner sello propio a la noticia o al reportaje, más allá de la asepsia que ahora se prodiga no sin cierta alarma. A comunicadores sobrados de como los norteamericanos Walter Cronkite o Dan Rather nadie les reprochó nunca su edad.