Riguroso en el manejo de materiales, en las obras de Souto de Moura mampostería de piedra, paños de vidrio, hormigón, madera y acero se conjugan con sutileza.
21 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Eduardo Souto de Moura es un hombre de actitudes. Llegó a Santiago conduciendo su propio coche, en mangas de camisa, y exigió un cenicero antes de sentarse a hablar. El arquitecto de Oporto, nacido un 25 de julio (de 1952), es un hombre afable, sencillo, como el Longines clásico que luce en la muñeca. -Hay valores patrimoniales que se deben conservar, el futuro pasa cada vez más por preservar edificios. Primero, porque existen físicamente; segundo, porque la gente los conoce y cuando dice que hay que recuperarlos o restaurarlos es porque hay una empatía afectiva. Y después, teóricamente, debería ser más económico, porque una parte ya está hecha, aunque al final la conclusión es que no; es más baratos hacerlos nuevos. -Usted se ha distinguido por la forma exquisita de trabajar la piedra. Por ejemplo, en el mercado de abastos Braga. ¿No era más económico hacerlo de hormigón? -Ahora sí, pero en el año 78 había mucha piedra. La piedra en sí no es cara, el problema es manejarla. Y también hay que ver los precios, si son a cinco o a 30 años. Los edificios tienen que ser medidos según cuanto duran y cuanto cuesta su mantenimiento. La piedra, para mí, es el mejor material que hay para construir, porque tiene dureza, técnica, textura, color, no exige conservación y puede servir de estructura. Con una pieza sola haces todo. Y si el edificio está programado para veinte años, la piedra gana siempre. -Los arquitectos portugueses trabajan poco en Galicia. Sólo Siza ha roto esa dinámica. ¿Por qué? -Por el mismo motivo que los gallegos no trabajan en el norte de Portugal. Muchas veces, cuanta más afinidad hay, menos contactos se tienen. Nadie es profeta en su tierra, y el norte de Portugal y Galicia son lo mismo. -Usted bebe de las fuentes de Távora y Siza. ¿Qué arquitectos le han marcado más? -Los dos han sido mis profesores. Con Siza estoy haciendo varios proyectos. De mi generación me gustan los suizos Herzog y De Meuron. -Un equipo cuya arquitectura se caracteriza mucho por la envoltura del edificio. ¿No le parece excesiva la importancia que se le da actualmente a la piel en arquitectura? -Esto es una condición actual. Es casi imposible no trabajar con la piel, por una cuestión económica. Hoy el sistema es: estructura puntual, interior, se hace la forma y después la piel. -También es una forma de llamar la atención, de distinguirse. -Puede ser que algunos quieran utilizar las fachadas como si fueran pantallas, pero a mí no me interesa. -¿Cómo surgió el proyecto del estadio de Braga? -Visité el sitio para hacer unas fotografías. Entonces subí a la montaña y había una cantera, las paredes eran como una tribuna y yo pensé: si continúo esto, ya tengo una parte hecha. Como me entraron los 30.000 [espectadores], no necesité hacer tribunas laterales. Es como un teatro. -Creo que «odia» empezar un proyecto de cero. -Hay que inventar algún motivo, una historia, para decir esto es así porque debe ser así. Si hay un árbol, tiene que ser parte de la casa; si hay un muro, lo mismo. -En Galicia hay el problema del feísmo: dispersión urbanística, construcción desaforada, edificaciones de mal gusto... ¿Le suena? -Pasa igual en el norte de Portugal. Son culturas y pueblos muy individualistas, de propietarios: su tierra, su casa... Portugal es el país de Europa con más casas por habitante (2,5) y el más pobre. La gente se pasa la vida pagando al banco para comprar una casa. Y luego llegan los hijos y la venden.