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20 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.COMENCEMOS con la malicia de que la gripe aviar logró llevar la polémica del Estatut a un segundo plano. Hasta ahí no hay duda. La tele nada contribuye a la tranquilidad con los dimes y diretes en torno al mal de los pollos, gansos, ocas y variada fauna bípeda destinada a la olla, que están creando entre la ciudadanía una psicosis empantanada, que recuerda al reciente caso de las llamadas vacas locas. Y si lo hace es una actitud diapasón, o dicho de otra manera, oscila entre picos y valles. Aquí, una nota de optimismo, en plan no pasa nada: un catarrito entre quienes conviven con aves en el mismísimo gallinero. Aquí, una de pesimismo: palmaremos millones y ni vacuna ni la madre que la trajo al mundo¿ En general, la tele no es consciente de que hay miles, legiones de ciudadanos, para quienes sus mensajes son como el Corán para un fiel musulmán. La única ventana abierta al mundo. Lo que diga la tele va a misa, por mucho que sea una pena. Por ahora es gratis y hace compañía. Una amiga fiel a la que creemos sus cosas porque no tenemos otra. Gripe aviar por aquí, gripe aviar por allá, y medio país descoyuntado, poco menos que redactando las últimas voluntades. Los profesionales se desgañitan a restar alarma y la tele dando que si en Grecia palmó uno, que si en Bulgaria otro (y eso que son pollos). Si espichan más (y humanos) en la carretera. De los nervios acabará la audiencia.