No hay música menor, siempre y cuando el intérprete posea la inteligencia y los medios adecuados para extraer de cualquier pieza algún interés. Con las típicas, sentimentales canciones de salón de Tosti o las extravertidas napolitanas siempre ha habido ciertas prevenciones, nunca provenientes del público -que no suele tener esos prejuicios-, como de los «profesionales», que consideran estas piezas baratijas superficiales para entretener al pueblo, como si todo el tiempo hubiese que estar escuchando El viaje de invierno schubertiano y pensar que la vida es un asco. Precisamente, si a algo contribuyen estas canciones, que buscan sin tapujos la emoción, es aliviar la pesada carga vital, aportando esa imprescindible ligereza tan necesaria para no dejarse invadir por la pesadumbre y el pesimismo, lo mismo que puede ocurrir con una palabra amable, una caricia o un beso. Intimidad y melancolía Alberto Zedda, que no suele dar puntada sin hilo, ha confiado la tarea de exponer estas canciones no a una gran voz, sino a un intérprete musical y sensible, que supiera darles ese punto de intimidad, de serena melancolía, tan alejada de la expresión verista con que a veces suelen interpretarse. Siragusa es un tenor di grazia, no posee una voz especialmente bella y el registro agudo le plantea algunos problemas: da todas la notas (o las acaricia) como demostró, por ejemplo, en las propinas, pero en ocasiones la emisión parece demasiado forzada y el sonido final no es del todo ortodoxo, pasa algún comprensible apuro. No importa, porque a cambio es un cantante de exquisita sensibilidad y expresión sobria, aunque nunca indiferente. Frente al arrebato, la expresión exaltada de voces con mayor cuerpo, él opone un lirismo sutil de gran eficacia. Dice estupendamente, sabe conferirle a su pulido e imaginativo fraseo la máxima importancia y cuando busca refugio en la media voz, su canto resulta muy seductor. Comenzó algo vacilante, pero en cuanto la voz se calentó, todo estuvo en su sitio, y sobre todo en la segunda parte impartió lecciones de buen gusto en las canciones de Martoio, Antonio (Totó) De Curtis o Dalla. Después de una serenata de Almaviva dicha con impecable elegancia, mostró su arrojo en el resto de las propinas, de Puritani y La fille du regiment. Tuvo a un colaborador sobresaliente en el pianista Paolo Ballarin. Teatro Rosalía. Recital del tenor Antonio Siragusa. Obras de Tosti, Dalla, De Capua, ... Paolo Ballarin, piano.