Ella «grasiñas», ellos «olé»

TELEVISIÓN

ÓSCAR VÁZQUEZ

Crónica | Isabel Pantoja en concierto La popular tonadillera presentó en Vigo el espectáculo en el que desgrana el repertorio de la canción española con acompañamiento sinfónico, arropada por el calor del público

22 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Una vez constatado que Julián Muñoz no corta las entradas en la puerta del teatro, atravesando el umbral ya se siente la emoción. En las butacas se nota el quejío antes de que empezara el espectáculo, pero puede que fuera un crujío mental, el recuerdo de los 36 euros por barba que costaba ver de cerca a la reina de la copla. Pero bien pagaos . Isabel Pantoja presentaba ayer en Vigo su nuevo espectáculo, Sinfonía de la Copla , una antología de la canción española acompañada de la Orquesta Sinfónica Nacional de Moldavia. La tonadillera salió al teatro del Centro Cultural Caixanova, lleno hasta la bandera, entre vítores. Se plantó con contundencia y dominio del oficio ante el público y se llevó de calle los aplausos tan solo posando la mano sobre el corazón latiendo en el escote, seguida de pose en jarras y sonrisa inmensa que exhibe unos dientes cegadoramente blancos. La artista que entusiasma a los forofos de la copla y del espectáculo en general, presentaba un show distinto, en el que los temas estelares del repertorio racial se suavizan o se ensalzan con la ayuda inestimable de una orquesta nacional de un país al que le queda muy lejos el tronío bravo del género apasionado. Da igual que estuviera en Galicia. El público de Vigo, como si fuera de Triana, se deshizo en elogios a la diva y entre canción y canción, se establecía el diálogo con piropos y gritos de ánimo: «¡Guapa!, ¡Pasa de todo!, ¡Valiente!, ¡Estas mejor que nunca!». Con tanto jabón, la cantante llegó a amenazar con quedarse a vivir en Vigo. «¡Qué maravilla estar aquí!», decía. También gustó mucho el guiño galaico, el «graciñas», que en sus palabras se convertía en «g rasiñas » (pequeñas grasas). Pero a la cuarta grasiña, la repetición convertía lo gracioso en falso. La sevillana empezó luciendo un espectacular traje de fiesta, uno de los tres Vitorio y Luchino especialmente diseñados para ella, que se cambia dos veces más. La artista se arrancó con uno de los clásicos previstos, entre aplausos, con la pasión de Francisco Alegre (y olé), y desgranó poco a poco temas como María de la O , Capote de grana y oro , T engo miedo , Yo soy esa , Limosna de amores , Suspiros de España o La zarzamora . La Pantoja derrochó temperamento, actitud y chorro de voz, apoyada por un público entregado que se lo pasó en grande.