La película de Fernando León recibe una calurosa acogida de la crítica en un país que sólo admiraba a Almodóvar
17 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Podría tratarse de Marsella o de Glasgow, pero sin duda es Vigo. Santa, Amador, Lino... Tienen mucho en común con esos «personajes desesperados» que muestra la cinematografía de Robert Guédiguian o de Ken Loach, aunque es verdad que ahora cobran aliento «con la maestría» de Fernando León de Aranoa. La prensa francesa se esfuerza en buscar referentes de este tipo para recomendar al gran público Les lundis au soleil (la versión gala de Los lunes al sol ), que la pasada semana se estrenó en el país vecino con una fabulosa acogida de la crítica. Sólo en París, la producción que obtuvo cinco estatuillas en la última edición de los premios Goya puede visionarse en diez salas. En toda Francia se exhibirán treinta copias durante el debut, marcas que el cine español -con el permiso de Pedro Almodóvar- no acostumbra a alcanzar por estas latitudes. «El público español, saturado de películas chuscas (...) y privado del cine que capta la realidad, hizo de Los lunes al sol un triunfo, con más de dos millones de entradas vendidas», escribió Edouard Waintrop en Libération , que valora el filme como «apasionante de cabo a rabo». En las páginas del vespertino Le Monde , su principal competidor, Thomas Sotinel firma otra crítica que alaba a Javier Bardem como «uno de los más grandes actores de nuestro tiempo», mientras el conservador Le Figaro observa que «una poesía amarga y una energía salubre animan este precioso film, dominado por la intensidad magnífica de Javier Bardem». El actor estuvo ayer en Roma con el director presentando allí el filme. Paro y desesperación Elogios al realizador, piropos al protagonista. Pero el estreno de Los lunes al sol también sirve de excusa para desde Francia se eche una mirada de soslayo a Galicia. Aunque hay periódicos como L'Humanité (antiguo órgano de expresión del Partido Comunista) que no atinan del todo cuando sitúan la acción de la película en Gijón, lo cierto es que la mayor parte de la prensa gala anota acertadamente que se trata de una historia sobre «el paro, el combate y la desesperación» que gira en torno a la reconversión de los astilleros gallegos. Libération se extiende un poco más para recordar que Galicia es la comunidad tocada por la marea negra del Prestige , catástrofe que, a los ojos del rotativo, fue el desencadenante de la «Aznarofobia galopante» que sufren los profesionales del sector y cuyos síntomas se hicieron evidentes durante los Goya. Ahora bien, no por ocurrir en un recóndito puerto del Atlántico es una historia menos universal. La revista Télérama no duda en engarzar el filme con la línea abierta por Chaplin con Tiempos modernos . «Lo que se denuncia aquí -escribe Pierre Murat- son los despidos crueles y trágicos (...) y que el individuo solo no vencerá jamás los tiempos modernos de antes ni la devastación causada por la globalización de hoy». «El escenario se engancha por veces a esos lugares comunes del género nacido en Europa hace una década: el drama social postindustrial», abunda Le Monde . Grata sorpresa Y si algo denotan estos comentarios es que Francia, que hasta ahora sólo elogiaba por sistema las «florituras» melodramáticas de Almodóvar, ha descubierto con grata sorpresa que en España también se hacen otras cosas. « Los lunes al sol - escribe Florence Pommery- ilustra el eclecticismo del cine español y confirma una maestría escénica y narrativa, así como una originalidad, tanto en el terreno de lo fantástico (Alejandro Amenábar) como en el humano (Pedro Almodóvar) y en el social (Fernando León de Aranoa)».