Dos novelas apegadas a la realidad menos complaciente se alzaron como vencedoras de la 15.º edición de los Premios Barco de Vapor y Gran Angular. El complot de las flores , de Andrea Ferrari, y El síndrome de Mozart , de Gonzalo Moure, que tratan la crisis argentina y la extraña enfermedad del síndrome de Williams respectivamente, obtuvieron los galardones que la Fundación Santamaría, de la editorial SM. Ésta ha querido que sean los mejores dotados de literatura infantil y juvenil del mundo, con una bolsa de 100.000 euros para cada uno. La celebración del 25 aniversario del premio tuvo un carácter conmemorativo con una gala a la que asistieron numerosos autores e ilustradores de la colección que se instauró en 1978, cuando la literatura orientada a niños y jóvenes era todavía un campo casi virgen en España. A lo largo de este cuarto de siglo, Barco de Vapor ha tenido títulos tan emblemáticos como Fray Perico y su borrico , de Juan Muñoz, que lleva vendidos alrededor de un millón de ejemplares; mientras que en Gran Angular Jordi Sierra i Fabra ha obtenido el premio tres veces. En esta edición, Andrea Ferrari, una periodista argentina, aseguró que su intención no era escribir sobre la situación argentina en El complot de las flores: «La crisis se me coló en el libro, no podía eludir lo que estaba pasando mientras escribía», afirmó. En su novela, dos adolescentes tienen que mudarse a un pueblo casi abandonado de la Patagonia debido al traslado de su padre. Por su parte, el ganador del Premio Gran Angular (dirigido a lectores de más de 14 años) Gonzalo Moure -que ya había obtenido el Premio Barco de Vapor en 1995 por Lili, Libertad - aseguró que había conocido la existencia del síndrome de Williams por el periódico y no había dejado de investigarlo. «Se trata de una enfermedad cuyos afectados parecen aparentemente retrasados mentales, pero que esconden una extraordinaria capacidad musical». Moure parte de la hipótesis de que Mozart podría haberlo padecido y de que si a los enfermos actuales se les dieran las mismas facilidades que al músico austríaco «podrían llegar a ser grandes genios». Por eso le dio a su novela el título de El síndrome de Mozart.