El escritor noruego Jostein Gaarder apela a la imaginación durante la presentación de su nuevo libro, «El vendedor de cuentos», una alegoría sobre la sociedad actual
17 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Es un puro manojo de nervios. Gesticula constantemente, habla sin descanso, fuma con fruición. Al escritor más popular del norte de Europa, Jostein Gaarder, noruego, 50 años recién cumplidos, las ideas se le escapan por todos los poros y casi no da abasto para asimilarlas y transmitirlas. Por eso, cuando era un jovencillo inquieto y fue consciente de su virtud, decidió llevar siempre consigo una pequeña libreta para apuntar todo lo que se le ocurría, que era mucho y, como se ha demostrado con el tiempo, muy enriquecedor en todos los sentidos. Gaarder establece una comparación con ánimo didáctico: «La imaginación es como un músculo, hay que ejercitarla para que esté en forma». A Petter, protagonista de su fantasioso último libro, El vendedor de cuentos (Siruela), que esta semana ha presentado el autor en Madrid, le ha otorgado esa capacidad suya, aparentemente ilimitada, de inventar historias y contarlas conforme a los postulados de la prolífica tradición literaria escandinava. Petter tiene lo que le falta a mucha gente, ideas, y las vende a escritores frustrados. Otra metáfora de Gaarder al respecto: «Con las ideas ocurre lo contrario que con el dinero. Cuantas más gastamos, más tenemos». Después, confiesa lo que hay de él en el protagonista de El vendedor de cuentos: «No pretende ser mi autorretrato; nos parecemos sólo en las tormentas de ideas». La sociedad postmoderna Tormentas -con aparato eléctrico, desde luego- que han llevado al escritor noruego a discurrir por todas las temáticas imaginables: desde la filosofía hasta las ciencias naturales, pasando por la novela pura. En El vendedor de cuentos, sin embargo, trasciende la superficie plana de un relato y se adentra en análisis más prolijos: «Es una alegoría sobre nuestra sociedad», explica Gaarder. «Por ejemplo, sobre la fama. Los reality shows nos muestran que los jóvenes de hoy, ante todo, quieren ser famosos; no importa la razón. Es la necesidad de hacerse con una identidad propia en esta sociedad postmoderna». O los sueños. Cuenta el escritor de Oslo que algunas encuestas demuestran que los sueños de los niños están mayormente relacionados con lo que ven en televisión. Cosa que no le gusta, claro: «Debemos soñar nuestros propios sueños», proclama. La novela de Jostein Gaarder toca también otros palos. «Honor, vergüenza, sexualidad, familia... Éstos son algunos de los hilos conductores del libro», que el autor resume como «una mezcla entre tragedia y comedia». Con algunos periodistas huidos en el fragor de su discurso, y la traductora al borde de la extenuación, los ojillos vivaraces de Jostein Gaarder continúan escudriñando el aire de un lado a otro sin parar. Pide la oportunidad de realizar un último llamamiento, esta vez en defensa del medio ambiente, un tema sobre el que se manifiesta «muy preocupado». No es sólo una pose: es el presidente de la Fundación Sofía, a la que entregará todos los ingresos por derechos de autor que obtenga por El vendedor de cuentos. La entidad entrega cada año un premio de 100.000 dólares a la mejor labor innovadora en favor del medio ambiente y el desarrollo.