LA LARGA TRAVESÍA INTERIOR DE MURADO

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ÁLVARO BALLESTEROS

Las obras del pintor gallego expuestas en el CGAC crean una nueva realidad a partir de la naturaleza

29 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A Caspar David Friedrich le impresionaban las costas del Báltico y en ellas se inspiró para pintar algunos de sus paisajes. Los gélidos desiertos, punteados, en ocasiones, por misteriosas figuras, eran construidos con una sensibilidad que emanaba de la «larga travesía interior» del romanticismo. Él mismo sentenciaba que «el artista no debe pintar solamente aquello que ve exteriormente, sino lo que descubre en sí mismo». Antonio Murado se ha sentido fascinado por el sentido visual de Mar de hielo , obra de Friedrich y, como algunos otros autores de su generación, se ha acercado a aquellas indefinidas y románticas profundidades del norte para crear una nueva realidad en su pintura. Sus creaciones asumen un fuerte compromiso con la naturaleza, pero aún partiendo de este origen, no la imitan, sino que componen una visión distinta y con valor independiente. El objeto artístico es el propio paisaje. En el proceso de creación de cada una de las series expuestas en el CGAC, se ven involucrados distintos elementos que, progresivamente, han ido montando la dimensión plástica del cuadro. Los materiales funcionan con toda su potencia, sin que quien los maneja, los limite en su actuación. El artista, simplemente, los provoca. Se trata de que asuman un papel dinámico en el propio desarrollo de la obra. Las formas sobre el lienzo se manifiestan sobre un fondo negro en el que se superponen, una tras otra, capas de pintura que atraviesan la tela de un lado a otro; antes de que sequen, se interviene con paños, rodillos o brochas difuminando, dando profundidad y arrancando planos, sombras y perfiles. Cuando se integra el óxido de hierro, éste garantiza la alteración en el tiempo de la composición y consigue que, a priori, ni el pintor pueda llegar a determinar el final de la composición. Es una fórmula más con la que el artista motiva el juego temporal sobre un soporte físico. El pasado y el futuro se confabulan con el presente cautivando la ilusión del espectador. Complicidad La complicidad de diversos factores -manipulación técnica, azar, sentido emocional, el gesto del tiempo...- permite que surjan imágenes de pétalos, redes, marañas y paisajes. Son trazos abstractos que nos devuelven una mirada figurativa, aunque ésta se haya formado bajo el espejismo de una realidad que sólo es posible en la propia pintura. La presentación de óleos de gran formato se complementa con papeles de reciente factura que han dejado de pertenecer a la escala del boceto. En ellos es, también, posible descubrir un vínculo con la naturaleza, próximo a aquel otro que hace dos siglos imaginó metáforas en el hielo. ANTONIO MURADO. « Un millón de acres» . CGAC. Santiago. Hasta el 22 de septiembre.