A veces la Historia se produce a nuestro lado y no nos damos cuenta, no queremos darnos cuenta e incluso algunos se oponen encarnizadamente a su inevitable progreso. Ayer se estrenaba en el compostelano Auditorio de Galicia Los viejos no deben enamorarse , en versión española de Alonso Montero, a cargo del Centro Dramático Nacional, con una estruendosa protesta del sector nacionalista más radical. Un texto gallego, de Castelao, con un director gallego, Manuel Guede, al frente de la primera compañía institucional del Estado: esto es Historia, con mayúscula. En 1933, Castelao era llamado a Madrid para realizar los figurines y la escenografía del montaje que Rivas Cherif pretendía realizar con Divinas Palabras, y el artista de Rianxo estuvo presente en el Teatro Español de Madrid. El proyecto de coproducción entre el CDG y el CDN conseguía que, casi 70 años después, Castelao volviese a hacer sentir su extraordinario y muy gallego aliento creador en el corazón teatral de la capital de España. Sin ser una obra maestra de la literatura dramática, el texto constituye una pieza-manifiesto de aquel Teatro de Arte para Galicia concebido por el artista de Rianxo en el París vanguardista de los años veinte. De ahí la trascendencia para nuestra dramaturgia del único texto que el Centro Dramático Galego produce por tercera vez, la primera en 1985 con dirección de Eduardo Alonso y la segunda en el 2000 a cargo de Manuel Areoso. En esta nueva puesta en escena, Manuel Guede logra, al frente de los actores del CDN, hacer revivir esas parábolas esperpénticas del amor y la muerte, potenciando su fuerza simbólica, sus valores plásticos y su dramatismo grotesco, impregnado de humor. La campaña orquestada por la Mesa pola Normalización Lingüística ha querido empañar estos momentos trascendentales para nuestra historia cultural. Incluso los concejales del Bloque de Pontevedra y Santiago anunciaron que no asistirían al estreno, quizás para disfrazar de boicot el habitual desinterés de los políticos nacionalistas por el teatro gallego. Como hicieron con Valle, de nuevo la intolerancia de los nacionalistas radicales se ensaña con Castelao quien, precisamente, con ocasión del estreno absoluto de la pieza, en 1941, les dirigía una vibrante súplica en un periódico bonaerense: «A miña obra Os vellos non deben de namorarse , será posta en escena mañá pola Compañía Galega que dirixe Maruxa Villanueva e anima o escritor Varela Buxán. Estimo que esta agrupación necesita o alento das entidades galegas, que tanto se preocupan polo desenvolvemento da nosa cultura e o bon nome do noso país... Necesita o consello e a cooperación dos intelectuais galegos. Necesita o calor e máis a axuda das nosas poderosas institucións». En esta ocasión, se ha conseguido con creces lo último y sólo parcialmente lo primero.