«Tal y como está la Justicia española, me habré muerto antes de que haya un punto final», señaló pesimista Cela Conde, quien asumirá el marquesado de Iria Flavia que a su padre concedió el Rey porque considera «de buena educación hacer lo que él (Don Juan Carlos) cree que debo hacer». Pero por bien que se resuelvan para él estos asuntos sobre el legado del novelista, Cela Conde entiende que «la herida» del distanciamiento mutuo en los «años oscuros» no se cerrará. «Cuando murió ¿explica¿ me di cuenta de que no era cierto que durante todos estos años yo me hubiera olvidado de mi padre, lo tenía muy presente aunque no quería recordarlo, o al menos admitirlo delante de mí mismo, quizá porque el orgullo forma parte de la familia. Los años oscuros fueron un final que yo no hubiese querido nunca para una relación que fue hermosísima hasta ese momento». No obstante, Cela Conde está seguro de que su padre, al que en el libro describe en varias ocasiones desconcertado respecto a la capacidad mental de su único hijo, murió «plenamente convencido de que yo era idiota». De la vida común de los dos Camilo José Cela, la mayor parte (1954-1989) transcurrió en Mallorca, donde el acuerdo de divorcio del escritor y Rosario preveía que se ubicase un anexo de la fundación radicada en Iria Flavia, pero este compromiso no se ha cumplido y Cela Conde, profesor en la Universidad de las Islas Baleares, no vislumbra que algún día se lleve a cabo «ni haciendo un ejercicio de ciencia ficción». «Papeles de Son Armadans» Fue Rosario Conde quien cedió a la universidad balear el mayor legado que queda en Mallorca de Cela: todo lo que le correspondió en el divorcio referente a Papeles de Son Armadans, la revista literaria mensual que durante 23 años (1956-1979) publicó a grandes autores en castellano, catalán y gallego y que para Cela Conde es «lo mejor que hizo mi padre en su vida», además de su obra.