EMOCIÓN Y POÉTICA

MERCEDES ROZAS

TELEVISIÓN

Xosé Freixanes, Museo do Pobo Galego, Galería Trinta

09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Es esperanzador comprobar cómo de vez en cuando, entre tanta reflexión artística desvaída y atrincherada sobre sí misma, surge una exposición que es susceptible de conmovernos. Xosé Freixanes y un grupo de alumnos de Bellas Artes de Granada y de Historia da Arte de Santiago, logran provocar la emoción del espectador con la dimensión poética de una intervención en San Domingos de Bonaval. Sobre el suelo de piedra, que sostiene los cuerpos de los «Gallegos Ilustres», se extiende una gran alfombra de polvo de arroz y pizarra que se impone en el silencio, realzando la belleza de la iglesia. Es un elemento contemporáneo infiltrado en el interior gótico que establece una dialéctica perfecta con el espacio, participa de los contraluces efímeros de media tarde y crea la ilusión de contemplar flotando la bóveda y las columnas en un mar de tonos blancos y negros. Los referentes iconográficos de esta instalación coinciden con los desarrollados en las obras que el artista muestra en el claustro y salas de exposición, y que se sintetizan en los temas de la memoria y el viaje. Ambos se entrecruzan en una especie de inmensa alegoría que concilia alusiones al pasado con recuerdos de lugares y momentos precisos. Un lírico y viejo haiku japonés de Yosa Buson, Los días lentos se apilan evocando un viejo antaño, dispone el inicio de la lectura plástica. En un trasvase continuo de espacio y tiempo, Freixanes nos introduce en un primer momento en una sala recogida que guarda la imagen del abuelo, detenida en la instantánea familiar de los domingos de Ramos; son recuerdos accionados a través de procedimientos como la resina de poliéster y la transparencia fotográfica que enfatizan el pasado atrapado entre veladuras y la paleta de sepias. Cuando la narración se hace más intensa es con el viaje iniciático que reconstruye el descubrimiento de uno mismo; una experiencia intimista que mantiene desde hace años con la India. Los rasgos de sus gentes, las tradiciones, creencias e, incluso, los recursos materiales -como el polvo de arroz- funcionan como un imán que retienen la memoria de lo lejano. Dos cuadros de amplia factura y colores vivos se dedican a la figura de «la novia»; las mujeres se representan ataviadas con la «marca roja de la suerte» con la que Tagore reflejaba el espíritu de su pueblo. Como en el resto de las piezas, el autor reclama la supresión de las barreras entre figuración y abstracción, potenciando a la vez que tampoco existan límites para la evocación y la nostalgia. La exposición se completa con una muestra en la galería Trinta. Freixanes repite la estrategia formal, pero, en esta ocasión, con el dramático argumento de las pateras.