Emma Thompson no sorprendió con su papel en «Wit», que arranca lágrimas previsibles Frente a la frescura y la sorpresa de «El pequeño Senegal», la película hispano-argentina «Los pasos perdidos», de Manane Fernández, se mostró ayer en la Seminci de Valladolid como un fallido drama sobre los desaparecidos de la dictadura. En esta jornada de lunes, de transición, como suele ser habitual en el certamen vallisoletano, también se pudo ver «Wit», con la británica Emma Thompson encabezando el reparto de un melodrama típico. Mientras, en el apartado «Tiempo de historia» se visionó «El caso Pinochet», de Patricio Guzmán, y hoy se verá «Los niños de Rusia», de Jaime Camino.
29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Entre El pequeño Senegal y Los pasos perdidos se situó ayer Emma Thompson en su absorbente papel de enferma oncológica terminal en el telefilme Wit, realizado por el veterano Mike Nichols para la HBO, filial de Warner. Obviamente se trata de un producto impecable aunque previsible, llamado a arrancar lágrimas por un tubo y en absoluto recomendable a aprensivos. El plato fuerte se reservaba a la producción hispano-argentina titulada Los pasos perdidos, que una vez más se queda en voluntarista. Lo es por lo que tiene de reflexión sobre un pasado vergonzante y que conviene no olvidar, para lo cual es interesante utilizar el cine. Pero que en lo estrictametne cinematográfico, se sostiene sobre un guión impreciso -firmado por la propia directora, Manane Rodríguez, y por el gallego Xavier Bermúdez- y algunas torpezas de la realización. Es la segunda película de la española de origen uruguayo Manane Rodríguez. Asesinos de sus padres Cuenta la historia de una joven residente en España que gracias a la labor desarrollada por las Madres de la Plaza de Mayo, descubre que la persona a la que desde siempre creía su padre es en realidad el torturador y asesino de sus progenitores naturales, lo que desencadena un sinfín de problemas de todo tipo. El tema, ya se sabe, no es nuevo, y de hecho ahí está La historia oficial, una película de una mayor contundencia y rigor formal, junto a algunos títulos más. Naufraga sobre todo en la descompensación del cuadro de actores -la película mejora notablemente con la irrupción de Federico Luppi, el abuelo de la víctima- y en la inevitable sensación de no aportar nada nuevo al tema. Conste que levantó más aplausos que pateos porque el asunto sigue provocando náuseas.