Galicia ocupa un destacado papel en la carrera cinematográfica de uno de los intérpretes más personales del último siglo Una voz para el cine, una cicatriz para la historia. Paco Rabal constituye por sí sola la memoria del último siglo del cine español. Más de doscientas películas en casi sesenta años de carrera reflejan la evolución de una cinematografía que pasó de retratar a una España en blanco y negro al reluciente color de los últimos años del siglo que situaron a España en la vanguardia del celuloide europeo. Rabal, recogiendo el papel al mejor actor en Cannes por «Los santos inocentes», marcó el inicio de una nueva etapa.
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Galán y seductor. Elegante, pulcro, con cara de no haber roto nunca un plato, pero con la misma cara de pillo que conservó a lo largo de su trayectoria vital y cinematográfica. Así empezó en 1942, con tan sólo 16 años, su carrera cinematográfica Paco Rabal, en un breve papel de La rueda de la vida, de Ardavín. La Prodiga, de Rafael Gil (1946), La Lola se va a los puertos, de Juan de Orduña (1947). Luna de Sangre, de Francisco Rovira-Beleta (1950), o Todo es posible en Granada (1954) e Historias de la radio (1955), de Saenz de Heredia, lo consolidaron como el galán del cine español, en dura competencia con el por aquel entonces engolado Fernando Fernán Gómez. Con los años, y tras un grave accidente de por medio, su personaje ganó peso, en buena medida con el apoyo de su tío Luis Buñuel, que lo consagró con Nazarín, Belle de jour y Viridiana. Su presencia ya llenaba la pantalla, su solemnidad daba brillo a los focos, y su voz, su ronca y profunda voz, llenaba de alma y de vigor las oscuras salas. Maestro de la vida Con los años, y con su personal cicatriz, también pasó de galán a filósofo. Curtido por los años, era el personaje ideal, como En el hombre que perdió su sombra, para interpretar papeles profundos, de sabio y maestro de la vida. La colmena, Tiempo de silencio, Truhanes, Divinas palabras o El disputado voto del señor Cayo acabaron por cincelar su personaje de actor esencial en cualquier película con ínfulas de ser algo en el cine español. Y luego llegó su consagración internacional con el Azarías de Los santos inocentes. Más tarde, hasta Almodóvar recurrió a él para Átame. En su largo periplo cinematográfico, Galicia también ocupa un destacado papel. Gallego, La novia de medianoche, La hora bruja, Divinas palabras o Divertimento son algunas de las películas que rodó en la comunidad. Y en Galicia también fue donde prácticamente dijo su adios a las cámaras. Lo hizo con Dagon, que rodó bajo la lluvia y la magia de Combarro.