Marilyn Monroe «cumple» 75 años

J.L. ÁLVAREZ CEDENA MADRID

TELEVISIÓN

El misterio sigue rodeando la vida y la muerte del mito erótico del cine de Hollywood Una rejilla de ventilación del metro de Nueva York en Lexington Avenue fue todo lo que necesitó Billy Wilder para rodar una de las escenas más famosa de la historia del cine. Marilyn Monroe, con un sugerente vestido blanco, busca alivio para el calor de la noche veraniega bajo la atenta mirada de Tom Ewell y se convierte, de paso, en la más tentadora estrella de Hollywood y también en uno de los iconos más poderosos y reiterados que haya dado la cultura popular del siglo XX. Marilyn -o Norma Jean Baker, su verdadero nombre- tenía entonces 28 años y estaba casada con Joe DiMaggio. Ayer habría cumplido 75 años.

01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando Marilyn rodó su famosa escena todavía no era consciente de que sus escasos 36 años de vida iban a ser examinados, vilipendiados y admirados bajo ese gigantesco foco de la fama. Pero Norma Jean había nacido para convertirse en una leyenda y, como tal, construyó una muerte prematura que hiciera justicia al mito que, película a película, escándalo a escándalo, comenzó a forjar desde los orfanatos en que vivió durante su infancia. Pocos personajes han dado lugar a tantas elucubraciones como Marilyn Monroe y, sin embargo, casi 40 años después de su muerte, muchos aspectos de su vida siguen envueltos en una aureola de misterio. ¿Fue amante de John y Robert Kennedy? ¿Era esa rubia tonta y sexy que tantas veces interpretó o esa mujer decidida y culta que ella reivindicaba? ¿Se suicidó o su muerte fue un accidente al mezclar varios fármacos con alcohol huyendo de una de sus depresiones? ¿Tenía el insoportable carácter caprichoso que algunos le atribuyen o fue una persona sensible y agradable? Las interrogantes sobre su vida privada son muchas y sus biógrafos muestran excesivos desencuentros como para conocerla en profundidad. Tantas interrogantes, sin embargo, se tornan en certeras verdades cuando Marilyn resucita merced a la necrófila magia del cine. La clave la dio Billy Wilder cuando afirmó que «era de carne y se fotografiaba de carne; tenías la impresión de que bastaba con alargar la mano para poder tocarla». Poco importan entonces las más truculentas historias, porque Norma Jean deja de existir en el instante en que el motor de la cámara se acciona para convertirse en la esencia del Hollywood clásico, en el mayor mito que haya dado el cine. Como afirmaba Billy Wilder, «existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la Segunda Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos. Era un infierno, pero valía la pena».