Las palabras tienen sus tiempos de gloria. De pronto pasan al hit parade de popularidad los «cazaprimas» del lino, el «conceto» de Manquiña o la «intertextualidad» de Racionero. Hasta hace poco tiempo los académicos oían, leían y anotaban las palabras para luego ponerlas sobre la mesa de la Academia y examinarlas para ver si les concedían el acceso al Diccionario o seguían fuera. Desde hace un par de años, ese trabajo cuenta con la ayuda de un sistema informático en el que cada día se descarga la versión digital de decenas de periódicos en español. Cuando una palabra no figura en el Diccionario de la RAE se introduce en dicho sistema informático, que facilita los artículos en los que se ha usado y hace un recorrido histórico por el término. Tras aparecer citada al menos diez veces por autores diferentes y en tiempos distantes, comienza el proceso de estudio para ver su posible inclusión en el Diccionario de la RAE.