El tango tiene acento gallego

Santiago Garrido Rial
S. GARRIDO CARBALLO

TELEVISIÓN

XOSÉ CASTRO

Un libro describe la gran influencia de los emigrantes en la danza que popularizó Carlos Gardel El tango, danza descarnada, desgarrada, que nació para exteriorizar el desarraigo de los emigrantes a ambas orillas del Río de la Plata y en la que hombre y mujer, entrelazados, marcan un amplio espacio, tiene, a lo largo de su historia, un marcado acento gallego. O «gayego», como le decían «ayá», al otro lado del Atlántico. El primer estudio serio que se publica al respecto, «A emigración galega no tango riopratense», con un repaso a cien años a ritmo pausado, así lo señala. El que mejor describió ese sentir, Carlos Gardel, también lo sabía.

20 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El libro A emigración galega no tango riopratense, de Manuel Suárez, acaba de salir a la luz para arrojar claridad sobre la influencia gallega en la universal danza bonaerense. Un ritmo que nació al compás de los dos cuartos a mediados del XIX en los arrabales de la capital argentina y uruguaya y sembró de música doliente las orillas del Río de la Plata. De las orillas de otro río sinuoso, el Grande do Porto (A Coruña), partió Suárez hacia Montevideo, donde creció y se empapó de esta música. Regresado, repasa el tango y repasa, al mismo tiempo, más de un siglo de vida de la emigración gallega y española, el nacimiento de una nación, el sufrimiento del desarraigo. La historia del tango es el fruto de muchas aguas. Las primeras, turbias: «É un fenómeno suburbano, con galegos e outros ó chegar. O gaucho trae unha morriña, o galego, outra», dice Suárez. Las segundas, claras, cuando se aleja del ambiente prostibulario y llega a la ciudad: «Destaca La Morocha, con música de Saborido». Las últimas, impolutas, de alta sociedad. Y varios gallegos le ponen nombre y apellidos al tango. Cuatro poemas de José Alonso Trelles, de Ribadeo, son cantados por Gardel. El padronés Eduardo Calvo compone el mítico Arrobalero (Soy la pebeta más rechiflada/ soy la percanta que fue querida/ de aquel malevo que la amuró). Y Víctor Soliño, de Baiona, el gallego más tanguero, Joaquín Barreiro (Ourense), Vázquez Vigo (Ferrol) o Manuel Parada (A Coruña). En todos, las mujeres yoran a su amado y los bandoneones sustituyen a las gaitas.