MIGUEL A. FERNÁNDEZ INTERFERENCIAS
14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Cuestión subliminal. Quién mejor que Sir Anthony Hopkins para presentar al rey de la selva. Desde luego no sería lo mismo de haber elegido a Woody Allen... Entre otras razones porque Hopkins siempre será el inquietante Hannibal Lecker de El silencio de los corderos. Nadie más adecuado para llevarnos a Tanzania a mostrarnos cómo es y cómo vive el mayor de los depredadores en Leones, de la serie Vida salvaje (La 2, Grandes documentales). A los productores hay que reconocerle chispa para escoger a sus presentadores entre las estrellas de Hollywood. El lunes pasado, Julia Roberts se emocionaba con el orangután (la bella y la bestia) y el jueves Hopkins nos descubría a la única criatura capaz de ensombrecer al personaje de su vida. Vimos como varios mamíferos caían bajo los ataques de la manada o como una leona y su prole devoraban a otro de los cachorros, muerto por el macho-padrastro. El formato y la estructura del documental son impecables, pero su excesiva elaboración resta verdad a estos retratos de la vida animal. Hopkins sale de Londres confesándose fascinado por los leones desde que sus padres le llevaran al zoológico. Su off, aun careciendo de retórica, suena a masticado también, como el uso de varias cámaras para posibilitar un mayor tono narrativo que finalmente resta espontaneidad. Pero compensa eso de ver a Hannibal el Caníbal babeando ante unos leones.