Iván, con un pie fuera de la casa

SARA DIEZ A CORUÑA

TELEVISIÓN

WILLY MENESES

La audiencia se debate entre la eliminación del asturiano y el sevillano Íñigo Tanto sobre, tanta carta, tantas tiras de papel amarillo por el suelo. ¿Se les ha olvidado que mañana uno de ellos debe abandonar el «paraíso»? Los «hermanitos» han sudado para superar su examen más difícil, porque enviar cartas a todos los municipios de España, es un trabajo duro y sobre todo, aburrido. Pero después del tedio de la prueba, los latidos de sus corazones se empezarán a oír debido a su posible eliminación: tic-tac, tic-tac. Pero hay dos que, aunque no lo sepan, deberán latir más fuerte, el de Iván y el de Íñigo.

26 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde la noche de San Iván, los últimos días en el Edén del Gran hermano han estado marcados por el aburrimiento. Los seis miembros de la familia fraternal no se han movido de las sillas de la cocina, no han dormido, apenas han comido y no han limpiado la casa con el único propósito de que el servicio de Correos desde Soto del Real a los pueblos de España funcionase en buenas condiciones. Y ahora vuelve la tensión. Iván e Íñigo son los dos máximos candidatos a ser expulsados. El primero porque es un fijo en las apuestas, lleva varias semanas con un pie dentro y otro fuera de la casa, rozando la expulsión, pero por el momento, ha aguantado. El problema es que el círculo se va cerrando, y el hombre de los mil tintes de pelo cada vez tiene más posibilidades de abandonar su El dorado particular. Y qué decir de Íñigo. La palabra vago nació cuando este ceutí-sevillano vino al mundo, que por no mover no mueve ni los párpados cuando se tumba al sol en la colchoneta de agua, que por cierto infló Ismael. Aparte de vivir pierna sobre pierna, de lo que se quejan constantemente Ania, Mabel o Koldo, cómo olvidar ese ya mítico polo verde del que no se ha desprendido desde que puso los pies sobre la moqueta de la casa del Gran hermano. Esto por no hablar de sus piques infantiles, del acoso, que no derribo a Ania o de sus múltiples risas y lloros sin venir a cuento. Así esta veleta, llamada Íñigo, es el gran rival que tiene Iván en la parrilla de salida de la expulsión. Aunque a lo mejor la audiencia, mayoritariamente femenina y que como dice Koldo «tira contra su propio tejado», decide eliminar, de nuevo, a alguna de las dos mujeres que quedan.