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Siguiendo la ruta del sargo

La Voz

PESCA Y MARISQUEO

Pedro Suárez, su hijo y Roberto Pumarada llegaron con su furgoneta a Ferrol en busca de arenales adecuados para practicar su deporte favorito: la pesca

28 ago 2009 . Actualizado a las 12:36 h.

Llegaron desde Asturias pero no buscando playa. Y menos mal, porque las nubes les hubiesen impedido disfrutar de un día de moreno al sol. Lo que ellos venían buscando ayer era mar, un trozo de costa con oleaje favorable para practicar su deporte favorito: la pesca. Para ello, no importan las tres horas al volante ni los 231 kilómetros de distancia entre su campamento base, Luarca, y los arenales ferrolanos. Todo está bien invertido en una jornada de excursión que repiten siempre que pueden.

Al frente de la expedición, Pedro Suárez, un veterano pescador con más de medio siglo de práctica. Junto a él viaja su hijo, que heredó no solo su nombre y apellido, sino también su pasión por la caña, y Roberto Pumarada, un vallisoletano que descansa en verano en la localidad asturiana.

¿Y qué pescan? «Lo que pique, pescamos lo que pique», dicen con buen humor. «De camino hasta unas cervecinas o un pulpo a la gallega, que está muy bueno», agregan.

Pero entran en materia y se ponen un poco más serios. «Normalmente sargo, o chopa, que es lo mismo. Si de paso vienen unas lubinas, pues de maravilla», añaden.

¿Pero por qué tan lejos? ¿Acaso no tiene costa Asturias? «Sí, pero muy distinta», aclara Pedro Suárez padre. «En Asturias hay más acantilados y aquí resulta menos trabajoso pescar», argumenta. «En el 90% de las zonas de pesca de Asturias hay que bajar entre sesenta y setenta metros de altitud, por un sendero», aclara. Y sus compañeros agregan: «Es completamente distinto: en Galicia a cada nada tienes una playa, y además de arena, no de cantos rodados».

«Eso nos permite movernos con una facilidad de espanto», retoma Suárez la palabra. Y ese era el plan que tenían previsto para ayer. A las ocho de la mañana partían de Asturias y pasadas las once ya recorrían el arenal de Santa Comba. Allí no les convenció el estado de la mar y se trasladaron a Doniños, donde los encontramos a las 12.30 inspeccionando el terreno en Outeiro. Tampoco. «El oleaje es demasiado fuerte y el mar está un poco revuelto hoy», dicen. Aunque no conviene que la calma sea total, solo «un poco más suave».

«Un truco para garantizar la pesca», les retamos. «Ahí no hay secretos, solo que quieran picar. Influye el día, la mar... Hay que tener paciencia. Hay días que en media hora llevas una buena pesca y otros que en todo el día no sacas nada», explicaba el más experto del trío.

Y ayer, a pesar de los cielos cubiertos, más proclives para esto de la pesca, no era el mejor día. «Agosto es un mal mes, porque las aguas no están como en octubre o primavera», justificaban, mientras planeaban su playa a examinar. «Por el nombre no me preguntes que no sé, pero conozco la costa», decía este trabajador de la madera, labor que comparte con su hijo.

Para Roberto Pumarada, comercial de pieles artificiales, era su primera vez por estos lares. «Bien, bien. Me ha gustado mucho», señalaba.

El resto de la jornada, dependía del mar. No así el picnic con tortilla y un tiempo reservado a la siesta.