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O Grove y Cambados alertan del avance hacia el interior de Arousa del alga asiática, la «velutina del mar»

La Voz O GROVE / LA VOZ

SOMOS MAR

El alga asiática, bautizada como «velutina del mar», fue detectada en 2024 en la boca de la ría.
El alga asiática, bautizada como «velutina del mar», fue detectada en 2024 en la boca de la ría. c.

La Xunta no tiene constancia de que la Rugulopterix okamurae haya cruzado la boca de la ría

12 feb 2026 . Actualizado a las 09:55 h.

«Este vai ser un problema ben gordo». La voz del patrón mayor de Cambados, Alejandro Pérez, suena extrañamente resignada cuando habla de una amenaza que se cierne sobre la ría desde hace casi dos años; de un enemigo que parece hacerse cada vez más fuerte. Se trata de la Rugulopterix okamurae, un alga asiática que se ha extendido por la costa gallega y que, según han trasladado marineros de puertos como O Grove y Cambados, ya estaría en el interior de la ría arousana. Teniendo en cuenta que esa especie ha sido bautizada popularmente como la velutina del mar, parece que no estamos ante una buena noticia.

En todo caso, desde la Consellería do Mar han aclarado que «os investigadores que traballan no marco do proxecto Redemar non teñen constancia, polo momento, da existencia de poboacións confirmadas desta especie nesta zona». Desde la Administración autonómica apuntan que se trata de una especie «de difícil identificación a simple vista, xa que existen especies autóctonas con características morfolóxicas moi semellantes, polo que resulta necesario realizar a toma de mostras e a súa posterior análise microscópica para poder confirmar a súa presenza». Precisamente por eso, desde el departamento que dirige Marta Villaverde se recomienda que, «ante calquera sospeita ou detección, se comunique á Administración autonómica para poder proceder á súa verificación mediante os protocolos científicos establecidos e realizar o seguimento correspondente».

Pero mecos y cambadeses parecen tener claro que el problema avanza hacia el interior de Arousa desde que, hace más de un año, fue confirmada su presencia en varias zonas de la costa de O Grove. En esta localidad, está confirmada su presencia en zonas como Pombeiro, Borreiros y otros puntos de San Vicente. «En decembro xa a atoparon barcos que traballaban polo Norte de Rúa. E os barcos que van ao peixe tamén a teñen atopado no canal de entrada. Cada vez que botan o aparello sácano de punta a chicote cheo dela», señala Alejandro Pérez, el responsable del pósito San Antonio. «Os aparellos veñen cheos desa alga», reconoce también el vicepatrón mayor de O Grove, Antonio Otero. Todo el canal de entrada está plagado ya de esa especie, cuyo avance por la costa europea parece imparable.

Al menos, así lo ve el vicepatrón meco, que mucho se teme que «como non sexa a natureza que o trouxo a que o leve, penso que estamos bastante perdidos... Isto nós non imos ser capaces de acabar con ela». Y la razón está clara: como toda buena especie invasora, la Rugulopterix okamurae tiene una increíble capacidad de adaptación y pocos depredadores. La combinación perfecta para convertirse en una amenaza para los fondos de las rías gallegas y para la biodiversidad que los ha caracterizado siempre.

«É certo que con estes temporais está todo movido», explicaba el vicepatrón de O Grove, que hace votos para que estos temporales «boten a terra» estas algas. Aunque, de momento, no parece que vaya a ser así. Otero sabe que el sector del mar tiene en frente un enemigo fenomenal. Tan fenomenal, que «nós mesmos nos encargamos de estendela». Y es que cada fragmento de ese alga que se deposite en un lugar es susceptible de dar pie a una nueva colonia desde la que continuará su avance: «calquera anaco que quede na rede, ou o que poida volver ao mar, axúdalle a estenderse», explica Antonio Otero.

Y es que en Arousa hay muchos factores que entran en juego en su difusión: por la ría navega una gran flota pesquera, pero también recreativa, motos de agua y un sinfín de vehículos acuáticos.

Recomendaciones para que el sector del mar ayude a frenar su expansión

Hace algo más de un año, el Ministerio de Transición Ecológica hacía llegar a cofradías como la meca un manual en el que se explicaba cómo podía hacer el sector para convertirse en un dique de contención contra la dispersión de este alga. De la lectura de aquellas recomendaciones se podía colegir que se avecinaba una dura batalla. Quien se cruzase con el alga debería advertir de su ubicación cuanto antes. Y, sobre todo, poner en marcha un protocolo de limpieza para intentar evitar, a toda costa, su dispersión. En concreto, se insta a la flota que entre en contacto con esa especie revisar los aparejos, que no deben volver a usarse antes de haber sido tratados con agua dulce y expuestos a la luz del sol y el aire libre durante un tiempo. Ese mismo tratamiento debe realizarse con todo tipo de elementos que hayan podido estar en contacto con el alga. Las recomendaciones afectan también a los buceadores, a quienes se les explica que los trabajos de desinfección deben comenzar por la retirada manual de los restos que pueda haber en sus equipos, dejar estos en agua dulce durante un tiempo y en aquellos casos en los que sea posible, se recomienda el «lavado en lavadora, con suavizante y secado al sol o al aire».