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«Cuando vi el acantilado desde el mar me entró un ataque de pánico»

Toni Silva SADA / LA VOZ

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CESAR QUIAN

María cayó desde 30 metros en la costa de Sada al intentar salvar a su perra

22 dic 2021 . Actualizado a las 09:23 h.

Dos noches después de caer por un acantilado de más de 30 metros, María Becerra ha conseguido dormir. Ella es la mujer que el pasado domingo sufrió un grave accidente en la costa de Sada, entre las playas de Morazón y Arnela, y acabó siendo rescatada por una lancha de Salvamento Marítimo. «La primera noche si cerraba los ojos volvía a sentir que me caía al vacío, como en un mal sueño», explica María en la casa de sus padres, donde se está recuperando. Antes de que narre su terrible experiencia, conózcase un dato tranquilizador y milagroso: ni un hueso roto, ni un esguince, ninguna mala noticia del escáner. Eso sí, su cuerpo está magullado desde el pelo hasta los pies.

«Después de comer, como muchos domingos, mi madre y yo entramos en el roteiro a pasear con la perra, y al llegar a la zona del mirador oigo como hojas secas, y veo que Anita (su perra) se había deslizado hasta un pequeño desnivel, la teníamos a un metro», relata María Becerra, madre de una hija de 10 años. «Entonces me senté en el suelo, apoyé una pierna contra un árbol y la otra contra una roca». Pero en cuanto presionó para intentar dar alcance a la perra, la roca se desplomó y detrás de ella, María, quien narra la caída en varios tramos, un momento que vivió de forma efímera e infinita a la vez. «Al principio caía entre ramas, y por el medio la pared tiene un saliente que me hizo volar los últimos 10 metros hasta acabar en una especie de cala de pequeñas piedras», explica María mientras acaricia a Anita en el sofá de casa. Durante unos segundos perdió la consciencia, pero no tardó en incorporarse entre los gritos de su madre, que le llegaban desde arriba. La perra no se había movido de su trampa.

 

Lugar junto al mirador de Sada por el que se desplomó María al intentar rescatar a su perra
T. Silva

Como se trataba de un paseo «de desconexión», ninguna de las dos había llevado su teléfono móvil. Se lo pidieron a un pescador, pero tampoco lo tenía. La madre de María fue a buscar ayuda mientras ella divisó no muy lejos una embarcación con gente. «Me metí en el agua y me subí a una gran roca para hacerles señales», recuerda. La nave se acercó hasta donde le permitió el calado y nada más cruzar las primeras palabras llamaron para pedir ayuda. «El barco se quedó allí, a mi vista, en todo momento». María examinó todo su cuerpo, extremidades, movimiento de dedos, respiración sin presión... y se tranquilizó. El Servicio de Emergencias de Sada había intentado el rescate desde arriba, pero finalmente apostaron por sacarla a través del agua con la embarcación auxiliar de Salvamento Marítimo. Quedaba Anita en terreno de nadie. «La llamé y se lanzó por el acantilado, estuvimos las dos juntas empapadas y con frío esperando el rescate. Y cuando me subí a la lancha y vi el acantilado desde el mar me entró un ataque de pánico, ahí fui consciente de que lo normal hubiera sido matarme», narra.