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Las almejas, el marisqueo y sus déficits

Uxío Labarta PROFESOR DE INVESTIGACIÓN AD HONOREM DEL CSIC

SOMOS MAR

CESAR QUIAN

30 may 2021 . Actualizado a las 04:49 h.

El incremento de las producciones y de la capacidad de comercialización de países próximos incide en las rentabilidades del sector marisquero, incluidas las redes comerciales, por no hablar de la incidencia que en esta rentabilidad tienen también las grandes superficies o la gran distribución.

El mantenimiento de los esquemas tradicionales de explotación marisquera genera tranquilidad social y falta de conflictos, si bien no es previsible que el mercado permita mantener los ingresos como aporte sustantivo en las economías familiares sin un incremento en la producción marisquera. Como las propias cofradías y los comercializadores señalan: deslumbrantes incrementos aparentes en precio por escasez de producto no palían las pérdidas por la caída de la producción; por más que la reducción en los permisos de explotación marisquera, desde los 4.300 del año 2009 a los 3.800 de ahora, hayan permitido también aparentes mejoras en la rentabilidad individual

Si nos detenemos a analizar la producción y los mercados, Galicia, y por tanto España, tiene un déficit significativo en la producción de almejas. En el 2019, España importó unas 17.000 toneladas de almejas frescas, principalmente de Italia (37 %), Portugal (32 %), Francia (14 %) y Países Bajos (11 %). A ello hay que sumar las importaciones de una gran variedad de almejas congeladas, que suman otras 4.000 toneladas, de las cuales Chile (33 %) y Corea (14 %) son los principales proveedores extracomunitarios, tal y como se recoge en el anuario A economía galega 2019/2020 del IDEGA de la Universidade de Santiago de Compostela. Importaciones de almejas que desde el 2013 al 2019 se incrementaron en 6.000 toneladas, un 60 %, lo que indica la ampliación de la demanda.

Las exportaciones, aunque pasaron de 400 a 2.000 toneladas en ese período, apenas suponen el 12% de las importaciones. Los principales destinos fueron Italia (58 %), Francia (25 %) y Holanda (18 %).

Este gran desfase entre las 21.000 toneladas de almeja importada y las casi 6.700 producidas en el 2019 en Galicia muestra la baja capacidad del marisqueo para atender la demanda del mercado nacional, por lo que es necesario buscar alternativas para mejorar esta situación. Por más que el gran aumento de la producción de almejas entre el 2014 (3.700 toneladas) y el 2019 (6.750 toneladas) se deba principalmente a la almeja japonesa, cuya producción se ha triplicado, alcanzando unas 5 mil toneladas en el 2019 que representan el 71,5 % de la producción total de este bivalvo en Galicia. La producción de babosa y almeja fina aumentó en un 14 % y un 33 % en el 2019 con respecto al 2018.

Por el contrario, la almeja rubia sufrió una caída del 33 % y un incremento de precio «deslumbrante». Por ello se hace preciso entender que el marisqueo gallego no es solo producción, sino también comercialización. Y es desde una interacción empresarial de estos dos subsectores desde donde previsiblemente se pueda abordar la transformación del marisqueo. Por ello es importante que en los últimos años las políticas y los análisis de Agade (Asociación Galega de Depuradores) y de algunas cofradías coincidan. Y coincidan sobre todo en algunos aspectos sustantivos tal y como analizaba en La Voz de Galicia Fernando Otero, secretario general de la Confederación Mar Industria Alimentaria, ante los déficits de producto en los bivalvos de arena. Déficits que precisan de estrategias ambientales, biológicas, tecnológicas, comerciales y económicas de las que hemos sido deficitarios. Por dejadez propia y un exceso de análisis y de proyectos poco rigurosos.