Soy mujer, feminista desde que mis lecturas y experiencias me hicieron imposible elegir otra vía, una persona socialmente comprometida. A pesar de este perfil, este 8 de marzo me ha saturado y aturdido. Demasiado ruido. Las organizaciones de mujeres del sector pesquero no han sido ajenas a este bullicio confuso y desordenado. Podría parecer que ser mujer está de moda, sobre todo si trabaja con los pies en el agua, tira de un raño o salta por las piedras al percebe. El reportaje y la foto lucida están asegurados. Para muchas, es una vía para ganar presencia y, de manera consciente, suben a ese barco y aprovechan el tirón, confiando en que llegará un momento en que sus voces sean tenidas en cuenta para algo más que el relleno de un día de folklore. 

Estos días he leído docenas de entrevistas, manifiestos y artículos sobre las mujeres del mar y, tristemente, podría contar con los dedos de una mano los que considero representativos y atinados. La igualdad de género no es un concepto abstracto, son hechos y logros, objetivos concretos. Puede que sea la resaca de la fiesta, pero esta vez, marzo me ha dejado mal sabor de boca. He sentido la banalización de la reivindicación feminista a través del exceso y la generalización. El aplauso, el tuit conmemorativo, la camiseta morada no nos convierte en agentes del cambio. Que nadie entienda que culpo a las mujeres que han querido celebrarlo con mejor o peor fortuna. Señalo directamente a los que por omisión o interés no legislan, regulan, educan y transforman la sociedad estando en sus manos. Señalo a los que aprovechan el banderín y el cartel para dejar la situación en el mismo estado año tras año. A los que se han apropiado del día de las mujeres, institucionalizándolo y vaciándolo de sentido. El mensaje estaba ahí, sigue estando ahí, plenamente vigente aunque tapado por la fanfarria y la adhesión oportunista. Nuestro deber es sobrevivir al éxito, no dejarnos enredar ni dejar que otros nos marquen el camino. 

No nos engañemos, ser mujer sigue sin estar de moda, a pesar de las luces y las serpentinas de una jornada como la del Día internacional de la Mujer.

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Tras el 8 de marzo