Durante varios días del mes de marzo de 1995, la tripulación del pesquero vigués Estai estuvo retenida en Terranova, acusada de pesca ilegal en aguas canadienses
09 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Fue conocida como la guerra del fletán y tuvo su fecha clave el 9 de marzo de 1995. Ese día, patrulleras canadienses apresaron al pesquero vigués Estai, de la armadora Pereira, a más de 200 millas de distancia de las costas de Terranova. Aquella ruptura de hostilidades amenazaba en el mismo caladero a otros 19 barcos, con 600 marineros a bordo, el 90 % gallegos. No fue una guerra sin advertencia previa ya que el ministro de Pesca del país norteamericano, Brian Tobin, había comunicado una semana antes a la Unión Europea una moratoria de 60 horas para la entrada en vigor de una nueva ley protectora de sus pesquerías. La flota gallega, anteriormente, había comenzado a comercializar el fletán negro, una especie de rodaballo que Canadá despreció hasta que los armadores europeos la convirtieron en un rentable negocio. Y por ahí llegó el problema.
Durante cinco horas, dos patrulleras canadienses persiguieron al congelador vigués en aguas internacionales de la Organización de Pesca del Atlántico Noroccidental (NAFO). El buque gallego fue la diana de los cañones de agua de las embarcaciones americanas, que llegaron a realizar disparos de advertencia con sus ametralladoras para conseguir que el barco vigués parase sus motores.
«Estábamos faenando y vimos la patrullera, pero no le dimos la menor importancia; primero porque era habitual verlas por la zona, pero sobre todo porque en lo que a nosotros atañía estaba todo en regla», recordaba tiempo después Enrique Davila, capitán del Estai.
Las patrulleras Caper Roger y Leonard Cowley se colocaron a los costados del congelador y unos treinta hombres armadores subieron al Estai, esposaron a los oficiales y les comunicaron que estaban apresados porque desde el día 3 estaba prohibido pescar fletán en virtud de una orden aprobada por el Gobierno de Canadá. A partir de ese momento el barco fue conducido a San Juan de Terranova.
En los días siguientes, el ministro canadiense Brian Tobin se encargó de hacer caso omiso de las protestas diplomáticas y oficiales llegadas de Madrid y Bruselas. Con ruedas de prensa diarias en las que se refería a los barcos españoles como «bandidos del mar» (pese a faenar por debajo del límite de sus cuotas y en aguas internacionales), generó un clima de opinión favorable a sus propósitos.
Se iniciaba entonces una lucha diplomática entre Canadá y la Unión Europea, aunque Bruselas mantenía que no negociaría nada mientras los marineros gallegos siguiesen retenidos en Saint John's, cuya fianza de liberación se había fijado en 500 millones de pesetas de la época (unos tres millones de euros), cifra que finalmente quedó reducida a 45,5 millones de pesetas (273.000 euros).
El 15 de marzo salían a las calles de Vigo cien mil personas tras una pancarta en la que se podía leer: «Tobin, cuéntale la verdad a tu gente». Ese mismo día partía de la localidad canadiense el Estai, una vez pagada la fianza y decomisada la carga que tenía en sus bodegas. Al mismo tiempo, la Cooperativa de Armadores de Vigo criticaba la debilidad mostrada por la UE ante Canadá. Acusaba a Bruselas de ser incapaz de responder con acciones prácticas, y rechazaban la apertura de negociaciones y que las cosas en el caladero siguieran igual de inseguras para la flota pesquera española.
España envió a la zona a la patrullera Vigía, con la misión de proteger a los quince congeladores gallegos que seguían faenando en la zona. Su presencia no logró disuadir a la Armada canadiense, que seguía hostigando a los buques españoles.
Tiempo después se conoció que el plan del Tobin era apresar un nuevo barco para alcanzar sus objetivos. La Voz de Galicia publicaba que la intención del Gobierno de la hoja de arce era enviar un destructor, provisto de un helicóptero de combate y apoyado por los cazas desde el aire, con órdenes de apresar a un barco gallego y disparar contra las fragatas españolas si trataban de impedir la maniobra. La operación no llegó a realizarse.
El 23 de marzo entraba en la ría de Vigo el Estai, entre los aplausos de las miles de personas concentradas en el muelle y el sonido de sirenas de una veintena de barcos. «Estamos agotados, pero con la cara levantada. No hemos cometido ninguna infracción», decía el capitán del buque, al tiempo que recordaba a los otros marineros que seguían «luchando en el caladero».
La guerra del fletán continuó, pero España perdió capacidad de pesca y el primer ministro canadiense, Brian Tobin, ganó por mayoría las siguientes elecciones en su país. Años después, en el 2010, La Voz de Galicia se hacía eco de la tesis de Emma Torres, profesora de la Universidad de Vigo. Apuntaba que aquel conflicto había sido planificado por el Ministerio de Pesca Canadiense y la empresa de comunicación Hill & Knowlton, la misma que años más tarde prestó sus servicios al presidente de EE.UU. George Bush en la crisis de Irak. Según el estudio, Brian Tobin, orquestó la campaña contra los pesqueros gallegos a modo de cortina de humo para desviar la atención de un drástico recorte de los subsidios de pesca a los marineros de Terranova. «La idea era convertir en culpables de la falta de los recursos pesqueros a los barcos españoles y juzgar con el factor emocional», explicó la experta. La profesora apuntaba a cómo Tobin y Hill & Knowton midieron todos los pasos desde el mismo momento del apresamiento del Estay, cuya entrada en el puerto de Sant John's captada por las cámaras de televisión se convierte en el símbolo de la crisis y de la victoria canadiense.