«Nunca fui un hombre de mar»

Tras más de treinta años como presidente de los armadores de A Coruña, dio un portazo: no perdonó el trato que recibía la flota y presentó su dimisión. Ahora disfruta de un tiempo que no tuvo


La Voz

Aunque Jesús Etchevers (A Coruña, 1935) nunca ha echado la cuenta de los años que dedicó a la presidencia de la Asociación de Buques de Pesca de A Coruña, lo cierto es que prácticamente la totalidad de su vida profesional la desarrolló defendiendo los intereses de los armadores coruñeses. Una etapa que finalizó presentando su dimisión, tras entender que el puerto al que representaba iba a ir a menos por decisiones externas. «Y decidí no seguir», dice. Aquello ocurrió hace ocho años, en el 2013. Etchevers vivió los mejores momentos de la actividad pesquera en A Coruña, «cosa que ahora no sucede».

Su relación con el mar se fraguó cuando decidió estudiar para ejercer de profesor de mercantil. Al terminar, le propusieron dos caminos: entrar en la banca o en una sociedad armadora. «Recuerdo que eran siete familiares los que montaron la sociedad. Les llamaban los siete machos, porque cada vez compraban más y más barcos», recuerda. Y se decantó por esa opción, dice, porque le parecía más interesante. Luego se asoció con un compañero y formaron un grupo, que al tiempo se disolvió al no terminar de entenderse. Jesús Etchevers se quedó con una nave, hasta que se jubiló. Y aunque lo suyo eran los barcos, no llegó a embarcarse. «Nunca fui un hombre de mar, fui un hombre de empresa», explica.

Ahora, Etchevers está jubilado. Pasea lo que sus piernas le permiten, que «ya no están para grandes marchas», por lo que pasa mucho tiempo en su casa de A Coruña. «No hago nada, que es lo que tiene que hacer un jubilado», bromea. Y disfruta del tiempo que no tuvo. Lo hace porque ha sido protagonista de una vida que ha ido muy rápido: emprendió negocios, fue presidente de varias asociaciones en su ciudad y también llegó a Madrid, a la Federación Nacional de Armadores. Allí estuvo cuando hubo que negociar la entrada de España en la Unión Europea. «Vi que aquello tenía mal aspecto y que íbamos a sufrir. Y así fue», arguye.

Recuerda el Gran Sol como aquel lugar al oeste de Irlanda tan importante para la flota gallega y vasca que llegó a contar con más de cien barcos con base en A Coruña. Un lugar que ahora ya nada tiene que ver con la situación de entonces —apenas queda representación— ni con lo que su nombre indica, y así se lo explicó Etchevers a Felipe VI en una de sus visitas a Galicia. «Me daba la impresión de que ya estaba harto de escuchar tantos problemas que él no podía resolver, y para cambiar de tema le conté la historia», recuerda. «Los primeros españoles que fueron a ese caladero vieron cómo los franceses lo llamaban Grand Sole [gran lenguado, en su traducción) por la forma que tenían los barcos que allí trabajaban. Y le quedó Gran Sol», le contó.

Etchevers ha dejado atrás el mundo del mar, pero a sus 86 años sigue siendo igual de crítico que entonces.

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