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Preparándose para las toxinas del Caribe

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

M. Moralejo

El laboratorio de Anfaco busca un método para detectar toxinas emergentes antes de que lleguen a Galicia

28 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia está acostumbrada a lidiar con las invasiones de fitoplancton tóxico que de forma recurrente envía la naturaleza. De hecho, sobre esos castigos periódicos pivota todo un sistema que se ha tejido en torno al sector mejillonero y que alerta de cuándo los niveles de toxina en los bivalvos desaconsejan su consumo. Pero también está preparada para saber -y adoptar medidas- cuando almejas, berberechos y otros moluscos infaunales han sido bañados por una ola de esa marea roja.

Pero esa pericia que Galicia tiene detectando purgas de mar e identificando qué tipo de células protagonizan cada episodio tóxico -las lipofílicas, con su diarrea y molestias estomacales; la PSP, con su hormigueo y picazón en la boca; o la ASP, con la somnolencia y amnesia en que puede derivar su ingesta por encima de lo recomendado- no la ha desarrollado con otro tipo de microalgas que afectan a los moluscos, pero también a los peces, algo a lo que, desde luego en la comunidad no se está habituado.

Y si no hay costumbre es porque dinoflagelados como el gambierdiscus -que causa la ciguatera y que empieza a traer de cabeza a los pescadores canarios- o las microalgas del género Ostreopsis -que producen palitoxina, un tipo de toxina que se puede acumular en moluscos bivalvos, peces y otros organismos acuáticos y que si se consume por encima de la dosis tolerable pueden causar mialgias, debilidad generalizada, fiebre, náuseas y vómitos-, son más de zonas tropicales, más propias de las aguas del Caribe que de las de Barraña o Samil.