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«Empezaron a aplaudir cuando supieron que todos estaban a salvo»

espe abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

V Televisión

El helicóptero evacuó a 16 personas en medio de fuertes vientos, olas de 6 a 8 metros y al límite de su autonomía

28 ene 2016 . Actualizado a las 08:31 h.

Enero se empeña en convertir en héroes a la tripulación del Helimer 401, el helicóptero de Salvamento Marítimo con base en A Coruña. A escasos quince días del naufragio del Novo Jundiña, la escora del Modern Express anteayer a 148 millas de Ortegal (175 de Alvedro) puso de nuevo a prueba a otra tripulación de la aeronave con un complicado rescate, al límite de su autonomía y en condiciones meteorológicas extremas: vientos de 45 nudos, olas de seis a ocho metros y un barco escorado que negaba estabilidad al helicóptero al tiempo que dificultaba la entrada del rescatador en el barco.

Fernando Rivera, comandante del Helimer, agradece que la emergencia se haya producido de día. Admite que, de noche, como se desarrolló el rescate del Novo Jundiña, «nos hubiésemos visto en serias dificultades». Y es que si ya con luz solar el movimiento del propio barco y las turbulencias hacían difícil que el helicóptero permaneciese estable encima del barco para bajar al rescatador y evacuar a los tripulantes, de noche «no sé si habríamos sido capaces de hacerlo».

Al límite de la autonomía

A todo eso se sumaba el trabajo a contrarreloj, «controlando el combustible para volver». El mercante estaba a 175 millas de Alvedro y la autonomía del Helimer 401 es de 200. «Estuvimos una hora en la zona, justo para sacar a 16 personas», relata Rivera. Es, por cierto, el rescate más numeroso que se ha hecho con este helicóptero, el Eurocopter EC225, que está en servicio desde hace poco más de un año en Alvedro.

Aunque están habituados a situaciones de riesgo, el comandante admite que hubo momentos de tensión y apuros, «sobre todo cuando no éramos capaces de meter al rescatador en el barco». Pero afortunadamente todo salió bien. Rivera se queda con las caras de alivio y las miradas de agradecimiento de los rescatados y, sobre todo, con un momento: «Estábamos apiñados en la cabina, como sardinas en lata, porque aunque el helicóptero es de gran porte no hay asientos para todos, cuando desde el Pesca 2 nos comunicaron por megafonía interna que habían recogido a los seis tripulantes que quedaban. Entonces, todos se relajaron, empezaron a aplaudir y a gritar de emoción al saber que todos habían salido indemnes».

Y es que apenas una hora antes no las tenían todas consigo. «Estaban aterrorizados». Tumbados en la cubierta del buque, con el barco escorado 40 grados y moviéndose hasta dejarlos de pie frente al mar mientras emitía crujidos escalofriantes, «tenían la sensación de que iban a dar la vuelta en cualquier momento y caer al agua», explica Rivera, que añade que habría sido «tremendo si el barco vuelca y se hunde».

Pero ahí sigue. Ayer, mantenía su escora mientras una patrullera francesa, la Abeille Bourbon, estudiaba el remolque y se habían enviado a técnicos para hacer una valoración de la capacidad energética por si se podía arrancar la máquina y poner fin a la deriva.