A las prospecciones sísmicas en el banco de Porcupine, se suman ahora los trabajos para instalar un cable de telecomunicaciones hasta Canadá
12 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El caladero de Gran Sol está en obras. La flota todavía está aprendiendo a convivir con quienes están realizando prospecciones sísmicas para descubrir si hay o no petróleo en la zona, cuando ya debe prepararse para compartir aguas con una compañía de telecomunicaciones que pretende instalar un cable submarino desde el Reino Unido hasta Canadá, pasando por Irlanda. Ese tendido discurrirá por el mar Céltico, donde pesca la flota gallega, y por el banco de Porcupine, donde también hay barcos de la comunidad en busca de merluza, rape, gallo y, sobre todo, cigala.
Toda obra conlleva trastornos, y esta no va a ser menos. De hecho, la empresa promotora de la instalación, TE SubCom, ha contactado con algunas -que no todas- agrupaciones de armadores que aglutinan a la flota que opera en esa zona para informarles de dónde colocarán la señal de peligro obras. Y, de paso, para solicitarles colaboración.
Los trabajos, según las previsiones de la empresa, deberían haber comenzado ya, el 22 de marzo pasado. Sin embargo, fuentes próximas a la compañía señalaron que arrancarán ahora, en estos días de abril. La previsión es terminar la instalación a finales de julio.
Distancia de seguridad
Hasta entonces, la compañía solicita que los pesqueros que operan en el área en el que se va a colocar el cable submarino guarden una distancia de seguridad de una milla náutica con respecto al barco instalador y, para eso, remiten una lista con las posiciones en las que estará situada la embarcación durante los trabajos.
También piden que, para evitar daños en los aparejos de pesca que dejen calados, como palangres, volantas o nasas, los cambien de posición y los alejen unos 300 metros fuera de la ruta antes de comenzar la instalación.
El cable de telecomunicaciones tendrá el amarre en Brean (Somerset), en el Reino Unido, incluye una derivación hacia Ballinspittle (Cork), en Irlanda, para después cruzar el océano Atlántico y conectar con Nueva Escocia (Canadá).
Según informa a los profesionales la empresa instaladora TE SubCom, para evitar el contacto de los aparejos de pesca, el cable será enterrado hasta una profundidad de 1,5 metros debajo del fondo marino, en una profundidad aproximada de 1.500 metros con respecto a la superficie, siempre, claro está, que lo permitan las condiciones del fondo marino. Y ahí, precisamente, radica uno de los problemas. «Que si el fondo marino no lo permite, el cable no irá sumergido, sino sobre el fondo, y ahí podrían surgir los problemas», explica Hugo González, gerente adjunto de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi), que todavía desconocía las intenciones de la instaladora y la trayectoria que seguirá ese cable submarino.
González recuerda un caso de hace unos años en el que un aparejo quedó enganchado en uno de esos cables de telecomunicaciones y este se rompió. La rotura fue el menor de los males -puesto que podría haber hecho zozobrar al pesquero-, pero la compañía propietaria intentó responsabilizar de la avería al armador y este tuvo que buscar asistencia legal.
Las prospecciones sísmicas
Fuera de eso, no tendría por qué haber mayor problema, siempre que faciliten las coordenadas en las que se realizarán los trabajos. González recuerda que eso fue lo que finalmente hizo el año pasado Sinbad Marine Service después de que la flota montase en cólera tras recibir una comunicación de la empresa en la que prácticamente sugería que no faenasen en un área de 7.000 kilómetros porque iban a hacer prospecciones sísmicas. «Finalmente, la compañía facilitó fechas y longitud y latitud de las exploraciones y hoy trabajan juntos y más o menos se soportan», señala Hugo González.
El cable irá enterrado a 1.500 metros de profundidad si el fondo lo permite
La retirada de los antiguos cables no suele entrar en los planes de las instaladoras
Un portavoz de la compañía instaladora explicó que todavía tiene pendiente una visita a las cofradías y agrupaciones de armadores de Galicia y otras comunidades del norte de España para informarles de las operaciones y solicitar su colaboración. Una cooperación «que nunca hemos echado en falta», dijo.
Vigo deberá ser una de esas paradas. Y en estos casos, el gerente adjunto de Arvi siempre plantea dos preguntas. Una es la relativa a si todo el cable va enterrado y la respuesta siempre deja entrever que irá la mayor parte, pero que varios kilómetros quedarán sobre el fondo marino. Y la otra hace referencia a si recogerán la antigua instalación, ya que se supone que este cable sustituye a otro más obsoleto, con menos capacidad y ancho de banda y de más bajas prestaciones.
En este caso, según Hugo González, la respuesta es siempre negativa y la retirada de la antigua infraestructura nunca entra en los planes de esas compañías. Y eso, a su juicio, supone también una forma de contaminación que habría que evitar.