El purín se convierte en un quebradero de cabeza para cientos de granjas gallegas
GANADERÍA
La sucesión de temporales impide el trabajo en el campo y el vaciado de unas fosas que ya están al límite de su capacidad
08 feb 2026 . Actualizado a las 10:04 h.El purín va camino de convertirse en un problema para centenares de granjas gallegas. La persistencia de las lluvias durante las últimas semanas ha alterado por completo el calendario habitual de trabajo en muchas explotaciones ganaderas, hasta el punto de poner en jaque la gestión de uno de los residuos más sensibles del sector: el purín. Lo que en condiciones normales sería una época clave para el abonado de las praderías se ha transformado en un período de espera forzosa, con las fosas de almacenamiento acercándose peligrosamente a su límite.
El exceso de agua ha dejado numerosas fincas impracticables. El terreno saturado impide la entrada de la maquinaria pesada y, además, desaconseja cualquier aplicación de este fertilizante orgánico por el elevado riesgo de escorrentías y filtraciones. Esto ha provocado que el purín continúe acumulándose en los depósitos de muchas explotaciones sin posibilidad de ser aplicado en el campo, lo que incrementa la inquietud entre los ganaderos. La falta de alternativas inmediatas para su gestión y la incertidumbre sobre la evolución del tiempo hacen crecer la preocupación por las posibles consecuencias ambientales y por el escaso margen de maniobra si las precipitaciones se prolongan en las próximas semanas.
Desde el sector recuerdan que, en esta fase del año, lo habitual es que las fosas estuvieran parcialmente vacías tras aprovecharse el purín para enriquecer el suelo antes del ensilado del forraje. Sin embargo, la continuidad de las precipitaciones ha roto esa dinámica. Incluso en explotaciones que cuentan con depósitos de gran capacidad, el margen de maniobra se reduce día a día ante la imposibilidad de sacar el contenido con seguridad.
«Aproveitamos algun dos días que non choveu tanto para sacar algunha cisternas cara parcelas chans onde non fixese dano. Pero so foi unha solución de emerxencia porque estamos ao límite da capacidade», apunta un ganadero de Mazaricos que cuenta con dos fosas que hasta el momento han sido más que suficientes para albergar el purín de sus más de 300 cabezas pero que, en esta campaña, se han visto pequeñas para albergarlo. «Dimensionamos as fosas por enriba incluso dos 30 metros cúbicos por animal que se aconsellan pero este ano é imposible con dous meses seguidos de chuvias fortes que impiden aplicalo», añade.
En este municipio, el primer productor de leche de Galicia, ha llovido 77 de los últimos cien días. Además, el volumen de precipitaciones supera los 800 litros por metro cuadrado en lo que va de año, casi el doble de la media de precipitaciones que registran ciudades como Madrid o Zaragoza.
Buenas prácticas
Además de establecer la necesidad de contar con fosas lo suficientemente grandes como para albergar el purín durante un período mínimo de seis meses, la normativa autonómica y estatal también es clara ante contingencias como la actual. El Código Galego de Boas Prácticas Agrarias desaconseja expresamente la aplicación de purines en suelos encharcados o durante períodos de lluvias persistentes, una recomendación alineada con la legislación europea para la protección de las aguas frente a la contaminación por nitratos. Saltarse estas directrices no solo supone un riesgo ambiental, sino que puede acarrear importantes sanciones económicas para quienes realicen una gestión incorrecta de este recurso.
A este escenario se suma el impacto agronómico. Aplicar purín en condiciones inadecuadas implica una pérdida significativa de nutrientes, especialmente de nitrógeno, fundamental para el crecimiento de forrajes de calidad. El retraso en el abonado condiciona también el resto del ciclo productivo, desde la siega de la hierba hasta la posterior siembra de otros cultivos, generando un efecto dominó difícil de corregir si la meteorología no concede una tregua.
