Los cambios urbanísticos de la última década se reencuentran en el entorno de la Alameda con la importante reforma de finales del siglo XIX
03 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La construcción del aparcamiento subterráneo y la reforma de la plaza de España, donde confluyen el centro histórico y el ensanche de la Alameda, supone un punto de encuentro entre la transformación urbana que está experimentando la ciudad en esta primera década del siglo XXI y la que se produjo a finales del siglo XIX.
Desde hace varios meses, la valla que oculta la obra del párking permite repasar en imágenes y textos la Pontevedra del período conocido como la Restauración (1875-1900), cuando se fraguaron numerosos proyectos que aún hoy definen el paisaje urbano.
El historiador y archivero municipal, Enrique Sotelo, comisario de esta original exposición al aire libre, nos remite a un momento en el que el casco pontevedrés tenía aproximadamente 8.000 habitantes y la mayoría de la población se dedicaba a tareas relacionadas con el sector primario (agricultura, ganadería y pesca), aunque ya se advertía -se dice- un desarrollo del comercio y de los servicios.
Durante esas últimas décadas del siglo XIX, Pontevedra asiste a un proceso de readaptación urbanística, que comienza a partir del derribo de la muralla, y a una mejora de las comunicaciones. Las corporaciones municipales emprenden una nueva y ambiciosa política urbanística y de modernización de los servicios y para hacerla efectiva nombran arquitecto municipal a Alejandro Sesmeros, «que será el encargado de realizar técnicamente los proyectos y deseos de la burguesía local».
Primeras actuaciones
Explica Sotelo que, en un principio, el campo de actuación, fue el interior del recinto amurallado. Se ensanchan y enlosan gran cantidad de calles, lo que ocasionaría el derribo de un elevado número de soportales. Y también se producen una serie de ordenaciones en varias zonas, como la comprendida entre Alhóndiga y la plaza de O Teucro.
Se construye una nueva Casa Consistorial, una vez derribado el viejo consistorio, según un proyecto elaborado por Sesmeros de marcado carácter francés para sustituir al primitivo realizado por el arquitecto Justino Flórez Llamas. El nuevo edificio fue recibido en 1880. También se construyó el Liceo Casino y el Teatro Principal sobre el solar que ocupara la iglesia de San Bartolomé O Vello, después de un período de obras muy largo.
Igualmente, se actúa en la zona comprendida entre Santa María y el nuevo Concello. Una vez derribadas las Torres Arzobispales, se construye el Palacete de las Mendoza y, posteriormente, se abre la actual calle Mestre Mateo y se hace una nueva distribución de la praza do Peirao.
Fuera de las murallas se planifica el ensanche de la ciudad,. Se realiza tomando como ejes los caminos o carreteras a Marín, Santiago y Vigo, añadiendo después la de Ourense cuando se decide la construcción del nuevo Hospital en ese lugar.
Nuevas calles
Esto va a ocasionar la apertura de nuevas calles y un novedoso trazado urbano: García Camba, Fernández Villaverde, Andrés Muruáis, Cobián Roffignac, Andrés Mellado, Cobián Areal y otras. «Proceso que no rematará hasta la segunda década del siguiente siglo», resume la documentación histórica compilada por Sotelo.
La formación del ensanche incidiría sobre las vías de comunicación y en la reforma del puente de O Burgo, «realizándose por la Dirección General de Obras Públicas la ampliación de la calzada y la colocación de una barandilla metálica».
Asimismo, la construcción de la carretera a O Grove, implicaría la construcción del nuevo puente de A Barca en sustitución del antiguo de madera, lo que unido al puente de ferrocarril hacia Vilagarcía provocará una remodelación del barrio de A Moureira y, al mismo tiempo, significará el nacimiento de nuevas calles como Alfonso XIII, Reina Victoria o Echegaray. En la otra orilla del río se construye un dique entre el puente de A Barca y A Caeira -actual avenida de Domingo Fontán- y se inician las obras de desecación de As Xunqueiras.
En este recorrido por la transformación urbana de hace un siglo, Enrique Sotelo destaca el hecho de la llegada del ferrocarril a la ciudad y sitúa en 1884 la primera locomotora procedente de Redondela. «A partir de ese momento empieza una nueva etapa, ya que la pretensión es que la línea férrea continúe hacia Carril o Santiago, lo que se logra con la aprobación del proyecto a Carril y su puesta en funcionamiento en 1899; y la realización de ésta y otras obras supondrá la división y el comienzo pérdida de identidad de A Moureira».
