«Esta é unha época difícil para os que estamos en produción ecolóxica»

Sonia López, de Vilalba, cultiva arándanos y dice que la reducción de las salidas a la calle puede cambiar hábitos de consumo


VILALBA / LA VOZ

Sonia López recibió, hace varios años, una propuesta para alquilar un terreno, situado en la parroquia vilalbesa de Belesar. Una condición era que el arrendamiento se hiciese por 25 años, un período que le pareció excesivo, y rechazó la oferta. Pero así se abrió una puerta por la que empezó a interesarse por el cultivo de arándano hasta dedicarse a la tarea, en modo ecológico, en lugar de alquilar terreno propio para cosechas ajenas.

Visitó terrenos de otras zonas en las que se cultivaban arándanos antes de empezar. Desde entonces han pasado varios años, en los que se han registrado diversos cambios. Uno, bastante evidente, es el aumento de superficie de cultivo, pues de la media hectárea del principio se ha pasado a una. Otro, relacionado con la pandemia y con el actual estado de alarma, se refiere a perspectivas más o menos inmediatas.

«Esta é unha época difícil para os que estamos en produción ecolóxica», dice Sonia López, que cree que la reclusión en las casas ha causado cambios evidentes en los hábitos de los consumidores. No es igual, opina, salir para una compra semanal o quincenal, que se hace en un supermercado o en un hipermercado, que ir a pequeñas tiendas, que son los establecimientos a los que ella vende su mercancía.

Su producción anual de arándanos se sitúa en torno a los seis mil kilogramos. Crecerá algo próximamente, porque pronto se llegará a las ocho campañas, que es, dice López, el momento en el que la cosecha tiende a estabilizarse tras haber tenido una etapa de crecimiento inicial. Una parte se usa para la fabricación de mermelada, que ella comercializa, mientras que otra se vende para ser distribuida en tiendas.

Como en otros productos, el arándano con sello ecológico es un poco más caro que el convencional. Al agricultor se le paga un poco más -entre seis y siete euros el kilo, frente a los cuatro del otro-, de igual manera que el consumidor también hace un desembolso mayor. La diferencia en el precio no sería, estima López, un inconveniente en otros tiempos, aunque sí, quizá, actualmente. «O cliente ecolóxico telo para sempre, pero coller un cliente novo agora é complicado», afirma.

Pensando, por ejemplo, en el próximo verano, López da por seguro que habrá menos visitantes, con las consecuencias que eso tendrá. «Do turismo esquécete. A quen lle vas vender?. Está complicado», dice. De todos modos, ni siquiera una situación económica como la actual, con previsiones pesimistas, aleja a esta cultivadora de la idea de ensayar nuevas formas de elaboración y otras vías de distribución., aunque la realidad se impone. «Outros anos, quizais sería posible. Este ano, non», dice.

 Cosecha algo tardía pero de calidad indudable

La producción de arándanos de una comarca como la Terra Chá es algo más tardía que la de zonas de A Coruña o de Pontevedra en las que se cultiva esta misma planta. Sin embargo, la calidad es similar: «Dáse moi ben», dice Sonia López. Que los arándanos crezcan y se recojan algo más tarde que en otras comarcas gallegas es, explica, consecuencia del clima, y se trata, agrega, de un detalle que también se observa en otros cultivos.

Poda en febrero y recolección durante el verano

Cuando a Sonia López se le pregunta si lograr una cosecha de arándanos requiere cuidados especiales, ella responde que todos los frutales necesitan atención y trabajo. Lo que suele variar de unos agricultores a otros es la distancia entre una planta y otra: unos dejan alrededor de un metro; otros, en torno a dos, con lo que la maquinaria agrícola dispone de más espacio. La poda suele efectuarse en febrero, y la cosecha se recoge en verano.

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