«Me siento bien por poder votar como los hombres»

La Voz

AGRICULTURA

Detrás de la rejilla de su burka azul que apenas deja ver sus ojos, Nadeera cuenta que su marido le prohíbe enseñar su rostro, pero le ha dicho que podía votar a quien quisiera. Su voto como el de casi todas las mujeres afganas, no difiere del de los hombres: «Hoy he votado por un cambio», dice, sentada en un banco de una escuela transformada en centro de votación cerca de su pueblo natal de Madrasa, en las afueras de Kabul.

«Mi calidad de vida no cambió desde la caída de los talibanes», dijo, refiriéndose a la falta de desarrollo económico. «Mi esposo ganaba entonces 150 afganis [tres dólares] por día como trabajador agrícola, y ahora gana lo mismo», dijo esta mujer de 37 años.

La situación ha evolucionado para las afganas desde la caída del régimen talibán, bajo el cual no podían ir a la escuela o trabajar. Pero todavía queda mucho por hacer, afirma Nazanin Jan Alí, de 41 años, una observadora en el centro de voto de Madrasa para la Comisión Electoral Independiente.

«Espero que en el futuro, las mujeres puedan tener una mayor participación en el funcionamiento del país, estar representadas en el Gobierno, los negocios, todos los ámbitos de la vida, como debería ser», dijo Alí, que vestía chaqueta blanca de la comisión sobre su largo vestido negro que dejaba ver solo su rostro y sus manos.

«Me siento tan bien por poder votar y elegir a un presidente exactamente como los hombres», dijo la joven Maliha, oculta detrás de su burka, tras votar en Kandahar, donde las candidatas fueron acosadas y donde los talibanes han arrojado ácido al rostro de muchas niñas que osaban ir a la escuela.