Una fina lluvia regó ayer la mañana grande del curro de Amil. Poco antes del mediodía de una jornada que había amanecido gris, las nubes empezaron a descargar y hubo quien pensó que la fiesta que se celebra en el municipio pontevedrés de Moraña podía suspenderse. Pero, al final, el curro se celebró pese a la inclemencia del tiempo. A los aloitadores les bastaron las crines de los animales para resguardarse. Unos 460 caballos fueron juntados este año procedentes de los montes de la zona. La Baixa das Bestas de Amil rememoró así una tradición que se remonta al siglo XVIII, cuando los apeitadores hacían descender a los caballos hasta los corrales de las aldeas. el objetivo era amansarlos para luego poder usarlos como herramienta en la agricultura.
