Un estudio muestra que los lagos de la Antártida están conectados con el océano bajo tierra

LA VOZ REDACCIÓN

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Los Investigadores extraen una columna de hielo para analizar la composición del agua y estudiar cómo circula bajo el subsuelo volcánico de la isla Decepción.
Los Investigadores extraen una columna de hielo para analizar la composición del agua y estudiar cómo circula bajo el subsuelo volcánico de la isla Decepción. IGME

Una investigación liderada por el CSIC describe cómo funciona el sistema de agua subterránea que alimenta los lagos

22 mar 2026 . Actualizado a las 09:39 h.

Un estudio pionero liderado por el CSIC explica cómo se mantienen los lagos de agua dulce de la Antártida. Revela que, aunque se encuentren en cráteres cerrados cerca del mar, los lagos están conectados con el océano bajo tierra y responden incluso a las mareas. Centrado en la isla Decepción, es la primera vez que se describe cómo funciona el sistema de agua subterránea que alimenta los lagos.

El estudio, realizado durante las campañas antárticas del 2024 y del 2025, revela que una parte importante del deshielo y la lluvia se infiltra, generando una recarga anual que equivale al 41 % de la precipitación. Los investigadores muestran que, aunque están en cráteres cerrados, los lagos están conectados con el mar a través del subsuelo y reaccionan incluso a las mareas. «Este comportamiento, poco habitual en ambientes polares y volcánicos, permite proponer un nuevo modelo hidrogeológico de la isla y ayuda a anticipar cómo podría cambiar con el calentamiento y la degradación del suelo permanentemente helado», explican los científicos, liderados por el investigador Jorge Jódar. Aseguran que el trabajo, además, supone «la primera caracterización integral del funcionamiento de un sistema acuífero de la Antártida», además de la «primera estimación del gradiente isotópico altitudinal», lo que permite identificar el origen del agua de recarga del acuífero, procedente de la nieve y la lluvia, según la altitud.

La isla Decepción combina vulcanismo activo, glaciares, lagos y un complejo sistema de suelo permanentemente helado, cuya dinámica estacional condiciona el comportamiento hidrológico de la isla. Hasta la fecha, el sistema de aguas subterráneas de seguía siendo bastante desconocido, por lo que entenderlo resulta clave para interpretar la evolución de los lagos, la respuesta del terreno al calentamiento global y la interacción entre agua dulce y agua marina en un ambiente extremo como el de la isla. Según el análisis, el sistema acuífero está formado por sedimentos de origen volcánico muy permeables, capaces de infiltrar con gran eficiencia el agua procedente de la lluvia y, especialmente, del deshielo estival.

También describe dos acuíferos interconectados: uno de ellos superficial y estacional, ligado a la capa activa del permafrost y otro más profundo y permanente, en el que el agua circula con gran facilidad a través de los materiales volcánicos y está conectado directamente con el mar.

La descarga subterránea de ambos acuíferos controla el nivel de los lagos y explica por qué el agua se mantiene dulce, pese a estar situados en el fondo de cráteres volcánicos cerrados, muy cercanos al mar, de acuerdo con este estudio. La recarga anual del acuífero equivale al 41 % de la precipitación, un valor muy alto que confirma la gran capacidad de infiltración del terreno y la importancia del deshielo anual en el funcionamiento hidrológico de la isla.

Origen del agua

Los expertos también han establecido la primera relación entre la composición química e isotópica de la lluvia y la nieve y la altitud a la que se forman en esta región de la Antártida. Esto permite reconstruir el origen de los aportes que recargan los acuíferos y alimentan los lagos, interpretar mejor los registros climáticos conservados en el hielo y mejorar los modelos climáticos e hidrológicos en zonas polares. Además de representar un avance para entender cómo funcionan los sistemas de agua en entornos polares volcánicos, el estudio aporta un método que puede aplicarse en otras regiones de la Antártida