La película que se ha llevado el Goya es aterradora. Da un miedo atroz y provoca una angustia certera, esa que se te queda metida en la boca del estómago durante días. Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, va directamente al cuerpo y genera una desazón que solo calma en pequeñas dosis el papelón que hace la actriz Patricia López Arnaiz. Esa tía. Esa tía que defiende a su sobrina por encima de la inacción y de ese falso respeto que es la distancia de un padre que deja hacer, que permite, cuando no se quiere ir al fondo de las heridas. Patricia lo dijo también cuando recogió el Goya por su excelente interpretación de esta tía que es Maite, nos avisó de cómo ejercemos la violencia sobre los niños haciéndolos vulnerables para que otros se apoderen de ellos. De eso va Los domingos, de la manipulación de la religión y del poder de los padres y de la familia sobre los hijos. Aunque esa tía lúcida, a la que da vida Patricia, es capaz de luchar para que su sobrina no escoja un camino tenebroso. Solo en sus ojos, siempre luminosos, encontramos un punto de coraje ante el miedo, ante el pánico de que una cría de 17 años se meta monja. Los ojos de Patricia López Arnaiz son siempre un horizonte seguro, lo demostró en la madre que fue en Ane y en la madre que fue en 20.000 especies de abejas. Ahora lo ha vuelto a conseguir en esta tía inolvidable que se pelea con su hermano y con un convento con toda su convicción.