Las grandes ciudades causan el doble de trastornos mentales que los pueblos
SOCIEDAD
El mayor estrés, los largos desplazamientos, los problemas de conciliación y de vivienda y la falta de redes de apoyo explican el desfase
11 ene 2026 . Actualizado a las 16:58 h.La salud mental se ha convertido en un grave problema en España, con un aumento continuado de los ciudadanos que sufren algún grado de malestar emocional, sobre todo tras el shock pandémico. Varios informes apuntan a la edad, la pobreza, los malos hábitos de vida, el abuso de las redes sociales o la soledad como factores de riesgo que explican esta enorme alza. Ahora un estudio añade otro peligro psicológico a la lista: la vida en las grandes ciudades.
La salud mental de los españoles empeora (y mucho) en relación directa al tamaño de la ciudad en la que viven. Así lo prueba el estudio que el Foro Nesi, una entidad de acción social, ha elaborado a partir de los datos del Informe Foessa, una investigación realizada por Cáritas e investigadores de 51 universidades a partir de 12.000 encuestas a hogares de toda España.
La salud mental tiene brecha territorial: los vecinos de las grandes ciudades españolas, las que superan el medio millón de habitantes, tienen el doble de trastornos psicológicos que los de las urbes pequeñas o los pueblos. El problema se atenúa en paralelo a la disminución de la población, como demuestra el hecho de que la incidencia de estas enfermedades no es tan alta en las ciudades medianas. Mientras que apenas hay diferencias en el estado de salud física entre las metrópolis y las áreas rurales (en ambas, entre el 78 % y el 80 % de los habitantes dicen gozar de buena o muy buena salud), el bienestar emocional de los residentes en lugares como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza o Málaga varía notablemente respecto al del resto de poblaciones.
El análisis tiene en cuenta tres cuestiones que radiografían la salud mental, y en las tres la diferencia entre las grandes urbes y las medianas o pequeñas es el doble. A la pregunta de cuántos vecinos tienen un diagnóstico médico de trastorno mental, la respuesta es el 13 % en las metrópolis y el 6 % en los núcleos medianos y pequeños. La segunda cuestión indaga sobre cuántos han tenido este tipo de diagnóstico alguna vez en su vida: la cantidad vuelve a oscilar entre el 18 % en las grandes ciudades, el 9 % en las medianas y el 8 % en las pequeñas y los pueblos. Y la tercera pregunta es si hay personas con problemas mentales en el ámbito familiar: un 19 % responde que sí en los grandes núcleos; la afirmación en pequeñas ciudades y pueblos no pasa del 11 %.
Los autores consideran que hay un abanico de causas relacionadas con las enfermedades mentales que se intensifican a mayor densidad urbana. Entre ellas estarían el mayor estrés laboral, la peor conciliación de la vida familiar, los tiempos de desplazamiento más largos, una mayor dificultad para acceder a una vivienda digna y una red de apoyo social bastante más débil.
Ausencia de relaciones
Un factor fundamental es este último, que facilita la soledad no deseada y el aislamiento debido a la baja frecuencia de relaciones personales. En las urbes de mayor tamaño, un 35 % de los encuestados reconocen mantener un contacto escaso con familiares y un 34 % con amigos, mientras que en los municipios más pequeños esos porcentajes descienden al 22 % y 24 %. Lo mismo ocurre con los vecinos, con los que un 28 % tiene relaciones escasas o nulas en las metrópolis, algo que solo le ocurre al 9 % en los pueblos. «Los datos de Foessa muestran que el entorno donde vivimos influye directamente en nuestra salud mental», indica Diego Isabel La Moneda, director del Foro Nesi. «A medida que crecen las ciudades también lo hacen los factores de estrés y la soledad. La falta de tiempo, la presión laboral o la dificultad de acceso a una vivienda digna están erosionando el bienestar emocional», añade.
Los autores consideran que se deberían activar políticas de salud, empleo, fiscalidad, infraestructuras o digitalización que facilitasen descentralizar la población. «No se trata solo de crear empleo o infraestructuras fuera de las grandes urbes, sino de permitir que las personas puedan vivir con tiempo, apoyo social y calidad de vida», subraya La Moneda. «Las condiciones de vida urbanas se han convertido en un determinante directo de la salud mental, por lo que debemos repensar el modelo urbano, descentralizar el empleo e impulsar territorios más equilibrados, habitables y conectados humanamente. Ya no es solo una cuestión de sostenibilidad, sino de salud mental colectiva», concluye el director del foro.