Pastora Soler denuncia la crueldad de su exmánager: «Decía que estaba gorda, que tenía que operarme la nariz y el pecho»

P. V. LA VOZ

SOCIEDAD

Pastora  Soler, en una entrevista
Pastora Soler, en una entrevista Borja Sánchez-Trillo | EFE

La cantante ha presentado su libro de memorias en el que detalla el calvario que vivió con su primer representante: «Se inventó que Morante de la Puebla era mi novio, a pesar de que yo tenía pareja»

13 nov 2025 . Actualizado a las 18:10 h.

Pastora Soler es unánimemente reconocida como una de las grandes voces de nuestro país. Pero, a pesar de toda la aprobación generalizada, hubo un momento que no pudo más. Se apartó a un lado y se retiró de los escenarios en el 2014. Necesitaba parar durante un tiempo, reflexionar y reconciliarse consigo misma. Y ahora, en su primer libro de memorias, Cuando se apagan las luces, aparecen las estrellas, ha contado qué la llevó a tomar esa decisión que tanto sorprendió a todos.

Parte de la responsabilidad se la achaca a ella misma, por las inseguridades y complejos que tenía de serie. Pero una mayor parte venía de su primer mánager, Luis Sanz, que, según denuncia en el libro, no hizo más que acrecentar todos los problemas sobre sí misma que la atormentaban. 

Fue él quien la descubrió como artista y el que la llevó al triunfo indiscutible, y por ello le está agradecida. «Le debo todo», dice, destacando que todo artista necesita esa «persona que cree en ti». También lo valora positivamente por inculcarle cosas positivas, como «la disciplina o el respeto al público». Pero en otros aspectos, no hizo más que dinamitar la confianza que tenía en sí misma.

Comenzó con él cuando solo tenía 15 años. Un decenio juntos, en edades muy complicadas, en los que pasó de niña a mujer, y en los que su cuerpo estaba cambiando. Según ha confesado, él no veía nada bueno en ella cada vez que la miraba. «Ni la nariz ni la boca, que si estaba gorda», rememoró, visiblemente emocionada, en el programa Y ahora Sonsoles, «todo era resaltar lo malo».

Una insatisfacción constante sobre muchos aspectos de su físico, que la llevaron a intentar cambiarse para contentarlo. «Siempre me veía gorda, así que me puso a dieta y yo empecé a cuidarme y a practicar ejercicio». Todo, para para «convertirse en la muñequita que tenía en su cabeza». Por suerte, eso no la hizo sufrir ningún trastorno alimenticio, algo que no sería impensable.

Otro aspecto que criticaba era su nariz, sobre la que decía que era muy fea. «Decía que tenía que operármela», explicó. No cedió en este aspecto. «Me negué a pasar por quirófano para corregirla», confirmó. Tampoco se operó del pecho, como él le pedía.

Pero todo eso fue haciendo mella poco a poco. «Durante tanto tiempo, eso te machaca y te crea complejos e inseguridades», reconoce ahora, con la perspectiva del tiempo, consciente de que, a pesar de todo, tenía la suficiente fortaleza para soportarlo y sobreponerse a ello. «En un momento dado impuse mi criterio», ha explicado.

La ilusión de un futuro, ante la oportunidad profesional que suponía su representante, fue lo que la hizo aguantar a ella y a su familia, que también estaban volcados en ese sueño que los arrastró a todos. Pero la gota que colmó el vaso llegó cuando Sanz contó un rumor completamente infundado. «Se inventó que Morante de la Puebla era mi  novio, a pesar de que yo ya tenía pareja y que lo único que había pasado es que me había tomado unas cañas con él por Matalascañas», reveló. Su exrepresentante creyó ver entonces un filón, de modo que confirmó la falsedad. Pero eso le sirvió a la artista para darse cuenta de que estaba trabajando con un manipulador, que buscaba el éxito costase lo que costase.Ahí rompieron su relación profesional.

Su salida de los escenarios vino años después, asediada por las inseguridades y los miedos que había ido creando a lo largo de todos esos años. En marzo del 2014, la cantante se desvaneció durante un concierto y a finales de ese año anunció su retirada. Fue pocas semanas más tarde cuando se enteró de que estaba embarazada de su primera hija, lo que considera su verdadera salvación. Pastora Soler había muerto y mi única prioridad era cuidarme, sanar y prepararme para ser madre, cuenta en el libro.

Fue ese período de reflexión, de dos años y medio, la que, como dice el título del libro le permitió ver, en la plena oscuridad en la que se había convertido su vida, pudo ver que, a su alrededor, estaba todo lleno de estrellas como ella.