Coronas de primavera en Lalín

SOCIEDAD

miguel souto

Mon Rivas, afincada en Lalín, es una artesana autodidacta con vena de artista. De su pasión por las flores nació la confección de coronas que triunfan en las ferias y por las que dejó un trabajo en una multinacional

05 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Mon Rivas cambió hace cuatro años su Santiago de Compostela natal por la aldea de Gondoriz Grande, en la parroquia lalinense de Vilatuxe. «Vin de xeito provisional, pero engancheime da zona». Buscaba un lugar estratégico geográficamente para moverse por las ferias y más espacio para su taller. Le enamoró un paisaje que le sirve de inspiración en la elaboración de sus coronas de flores, su pasión y de las que hizo su profesión. Por ellas y una vida de feria en feria dejó un trabajo en una multinacional dedicada al mundo naval que le estresaba.

Confiesa que la vena artística «venme de familia». Su hermano, Javier Rivas, «era delineante pero o deixou e é un dos mellores tatuadores de Galicia» y su padre, explica, «traballaba nun hospital psiquiátrico onde impartía obradoiros aos enfermos ensinándolles a facer cousas de madeira». Cuenta que «era un manitas» y de él guarda preciosas piezas labradas.

Una amiga colombiana le enseñó a deshidratar y tintar cáscara de naranja con las que elaboraba piezas de bisutería y complementos utilizando elementos naturales. Entre sus trabajos camelias con pétalos de cáscara y granos de café convertidos en cuentas para un collar.

Siempre le gustaron las flores y «comecei a elaborar coroas de flores de forma autodidacta, con moito ensaio-erro». Se las pedían amigas y conocidas, especialmente para bodas, primeras comuniones y para niños de arras. Su hermano, cuenta «foi o que me animou a vendelas». Explica que «estiven un mes facendo 25 coroas. Con elas fun á Feira Franca de Pontevedra e xa non cheguei a montar o posto porque as vendín xa polo camiño». A partir de ahí «foi un bum», afirma.

Dar el salto no fue fácil. Cree que «hai que ser moi valente ou moi iluso, ou moi inconsciente» pero decidió dedicarse a esto profesionalizándose. Cuenta con la carta de artesanía de Galicia y con este sello recorría España y Portugal llegando incluso a Melilla de feria en feria. «Arrancaba en marzo coa Arribada en Baiona e remataba en novembro en Cáceres». Los meses de invierno los dedicaba a montar coronas sin descanso.

Para su confección utiliza flor preservada. Al principio recolectaba ella las flores, las teñía y deshidrataba. Era, dice, un proceso muy lento e laborioso y no daba abasto. Ahora las adquiere en Alemania a empresas especializadas. Trabaja con hortensias, paniculata, siemprevivas y rosas, entre otras, incluidas unas pequeñas flores de papel para tiaras muy finas para niñas. «As coroas son algo moi delicado, moi feminino e moi favorecedoras» y cree que toda mujer debería tener al menos una. Montarla le lleva una hora y eso que lleva miles hechas. Va haciendo ramilletes y luego engarzando alambre sobre alambre y cubriéndolo de tela. El secreto, apunta, «é a combinación de cores». Los más forofos de las coronas, dice, son «as galegas e as portuguesas» y tiene clientes que las compran cada año como decoración para casa o algún establecimiento de turismo rural.

La pandemia paró las ferias que va para dos años. Su otra gran afición son los viajes. De esa pasión nació en diciembre Mombai, una tienda de artesanía del mundo que abrió en Lalín, con su sello personal. Todas las piezas las elige personalmente y las encarga a artesanos de diferentes países. En el local hay un rincón para sus coronas y también para el trabajo de otros compañeros, artesanos de Galicia.