Bronca sesión en la Cámara Alta en el penúltimo paso para aprobar la norma
11 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Bronco. Solo así puede calificarse el debate sobre la Proposición de Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia que ha tenido lugar en el Senado. Al aprobar la norma, la Cámara Alta ha dado el penúltimo paso para que España se convierta en el sexto país del mundo en despenalizar la eutanasia y regular su ejercicio como un derecho individual y gratuito, incluido en la cartera de servicios del servicio nacional de salud y supervisado y realizado por los profesionales sanitarios. Rechazados nuevamente los vetos del PP y de Vox, con 155 noes, correspondientes a los partidos de izquierda, de Ciudadanos y de las formaciones nacionalistas, 100 síes y 3 abstenciones, ahora la ley vuelve al Congreso para su aprobación definitiva.
Durante su intervención Francisco Javier de Lucas Martín, del Grupo Socialista, apeló al debate «racional», consciente de que una ley así «puede poner en juego nuestros sentimientos y emociones más profundas, sobre todo si se excitan con dicterios como industria de la muerte», decía, dirigiéndose al senador de Vox, José Manuel Marín Gascón. Minutos antes, el dirigente de Vox había lanzado una batería de preguntas: «¿Pueden afirmar que no se coaccionará a las personas más vulnerables? Díganme que no se van a realizar eutanasias involuntarias. ¿Cómo van a controlar que no se produzcan si al tiempo prevén hacerlo en residencias y domicilios por médicos privados que cobran por ello? ¿Por qué no se prevé su práctica solo en hospitales públicos? Solo cabe una respuesta: porque quieren instaurar la industria de la muerte». Para Antonio Román Jasanada, del PP , la ley «aumentará la desconfianza de los más vulnerables, entre los mayores o las personas con discapacidades diferentes, que podrán verse condicionados hacia la eutanasia por el sufrimiento vital que conlleva verse como una carga social.
El senador socialista ha explicado que la filosofía de la nueva ley es «la de la política de laicidad que toma en serio la igual libertad de los ciudadanos sin tutelas, daños, ni privilegios». Y ha ido tratando de contraargumentar las posiciones que enarbolan los vetos. Según el socialista, de los vetos de ambos grupos se extrae el «rechazo a la política de laicidad» que se manifiesta «en varias confusiones». ¿La primera? Que ambos vetos plantean como contrapuestos e incompatibles dos supuestos que «son distintos y complementarios: los cuidados paliativos y la asistencia médica para morir». La segunda, a su modo de ver, «pretender que esta ley supone una contraposición entre la defensa de la vida y la libertad o la autonomía de la voluntad. Precisamente, respetamos el genuino derecho a decidir dejarla que corresponde al propio sujeto, a nadie más». Y ha ido más allá: «Un derecho, y no un privilegio como sucede hoy, pues reconozcan que hoy solo está al alcance de los que pueden permitírselo porque tienen medios económicos o porque disponen de personas dispuestas a correr el riesgo de una sanción penal», ha dicho. Se ha referido también al argumento de la «pendiente resbaladiza» al que hacen mención el PP y Vox, que, dice, contrasta con «el cúmulo de reglas y procedimientos que la ley establece para ofrecer el máximo de garantías».
Para el senador socialista, la tercera confusión en la que incurren los vetos es la de mantener una noción del derecho a la vida «como algo sagrado que se torna en realidad en un deber para el propio sujeto y para el Estado y no es así. Nuestra jurisprudencia constitucional deja claro inequívocamente que no hay tal deber de vivir y menos aún es un deber absoluto».