Bel Olid: «Dejar de arrancar el pelo de mi cuerpo es una forma de quererme y cuidarme»

En su ensayo «A contrapelo» plantea una reflexión sobre la depilación femenina, rechazando la práctica

Bel Olid, autora de   A contrapelo: depilación, sumisión y autoodio
Bel Olid, autora de "A contrapelo: depilación, sumisión y autoodio"

redacción / la voz

Señala Bel Olid (Mataró, 1977) que la idea de la depilación como algo femenino es puro artificio. «Se presenta como algo natural de las mujeres y no, lo natural es tener vello. Arrancarlo o afeitarlo no es natural, es totalmente artificial», explica. Ella, que a los 40 años decidió prescindir de la cuchilla para siempre, acaba de escribir A contrapelo. O por qué romper el círculo de depilación, sumisión y autoodio (Capitán Swing), en donde reflexiona sobre esa práctica. El libro tiene también edición en gallego para Embora.

-Afirma que la depilación no es libre. ¿Qué dice de las mujeres que la hacen por que quieren?

-Nadie nos pone una pistola en la cabeza y nos dice que tenemos que depilarnos o vamos a morir. En ese sentido, es cierto: puedes decidir no hacerlo. Pero puedes hasta cierto punto. Hay mujeres que, si deciden no depilarse, las pueden echar de su trabajo, por ejemplo. Por lo tanto, ya no eres tan libre. Eso no ocurre solo con la depilación. Si tú vas a una tienda de ropa no encontrarás personas que te atiendan que no sean delgadas. Simplemente, no existen. En ciertas tiendas de ropa todas las dependientas son siempre delgadas. Eso está prohibido. Tú no puedes discriminar a la hora de contratar a alguien por su peso o su aspecto físico, pero es evidente que se hace. Hay formas de discriminar que no hace falta que nadie te las diga directamente, apuntándote con una pistola. Pero sabes que si no te depilas te van a echar del trabajo, te van a presionar para que lo hagas… Luego, puede ser motivo de violencia. Si yo me depilo o no y tengo las mismas consecuencias, entonces soy libre. Si las consecuencias son muy distintas y unas son muy negativas, la decisión es menos libre.

-¿Y si no hay ningún problema y se hace simplemente por sentirse bien?

 -Está la idea de «yo me depilo porque me siento más sexi». Vale, ¿por qué me siento más sexi cuando me depilo? Pues porque me han educado así. Todos los ejemplos de mujeres que se consideran convencionalmente atractivas están depiladas. No veo otros ejemplos. Si toda la vida me han pintado el vello corporal como algo asqueroso, sucio y que hay que quitar, pues por supuesto que me voy a sentir sucia y poco atractiva cuando lo llevo. ¿Me depilo porque quiero? Claro. ¿Pero por qué quiero depilarme? Porque me han convencido que es algo deseable. Del mismo modo, mucha gente hace dieta, no porque tenga ningún problema de salud, sino porque nos han convencido que es deseable estar en un peso determinado. Que nunca es suficientemente bajo y que, a veces, lleva a trastornos alimentarios. ¿Que yo lo haga porque quiera? Claro, pero yo lo que quiero saber es de dónde vienen esos motivos. Este no es un libro en contra de que la gente se depile. Es un libro que lo que quiere poner de manifiesto son los mecanismos sociales que están controlando nuestro cuerpo. Yo quiero que no se controle mi cuerpo, no controlar el de las demás. Cada una que haga lo que le dé la gana, solo faltaría. 

-Hace unos años actrices como Cameron Díaz se manifestaron en contra de eliminar el vello púbico. En el libro expone matices sobre ello.

 -¿Quién va a negar que Cameron Díaz es una mujer y que es atractiva? Nadie. Desde esa situación, ella se puede permitir pequeñas transgresiones. Las normas sociales se pueden infringir en parte. Para una mujer el mandato es acogerse al canon. Si lo haces al 100 % te puedes permitir una pequeña disonancia. Siempre son transgresiones que se pintan como mucho mayores de lo que son en realidad. Aparece una actriz en la alfombra roja de los Oscars con cuatro pelos en las axilas. «¡Uh!, no se ha depilado las axilas». No, no se ha depilado las axilas hoy. Pero hace dos semanas sí, no es que lleve dos años sin depilarse y tenga una mata. Estas pequeñas transgresiones son importantes porque hacen espacio para las demás mujeres, que a lo mejor no entramos tanto en el canon como ellas. Nos dan espacio. Pero no hay que olvidar que lo hacen desde una posición muy privilegiada. Ahí entran de nuevo elementos de discriminación muy variados. Si a ti te discriminan por otros motivos y además se te ocurre no depilarte, sabes que te van a discriminar más. Por una parte es importante que lo hagan, pero por otra no podemos olvidar que son transgresiones muy mínimas. 

-Fue muy sonado el caso de Amaia en Operación Triunfo. ¿El hecho de que el pelo de sus axilas se convirtiera en un debate nacional es un indicador de lo que usted defiende?

 -Claro. Eso demuestra que la libertad de elección no es tal. Nadie le dice a una cantante que va con las axilas depiladas: «¡Se ha depilado las axilas, qué fuerte! Te arrancas los pelos, ¿por qué lo haces?». Nadie pregunta eso y ahí se ve claramente la asimetría de la situación. 

-Subraya en su ensayo una paradoja: anuncios en los que se muestran piernas perfectamente depiladas sobre las cuales se aplica cera para quitar un vello que no existe. 

-La industria necesita anunciar los productos de depilación para ganar mercado. Dicen, por ejemplo, que depilarse aumenta la autoestima. Incluso he visto presuntos estudios que iban sobre eso. Y no, depilarse evita que te insulten y, claro, si te dejan de insultar, puede que tu autoestima esté un poco mejor que si te insultan todo el rato. En estos anuncios la industria no puede enseñar el vello porque sería normalizarlo. Entonces, te muestra unas piernas depiladas sobre las que se aplica el tratamiento que sea y siguen depiladas. Al  final, la chica pasa la mano y pone cara de «oh, que suave». Todas sabemos que después de depilarte con según qué métodos tampoco está tan suave. Luego está la idea de depilarse en el tema de la igualdad.

Bel Olid, autora de   A contrapelo: depilación, sumisión y autoodio
Bel Olid, autora de "A contrapelo: depilación, sumisión y autoodio"

 -¿A qué se refiere?

-Es la idea de que si los hombres no lo hacen y nosotras sí, entonces vamos a dejar de hacerlo. Eso creo que sería el camino lógico. En cambio, la industria dice que no, que la igualdad es súper importante y entonces tienen que depilarse los hombres. No van a perder este negocio millonario.  

 -En los hombres aparece también desde hace varios años la idea de depilación como modelo de belleza a seguir. ¿Cómo lo ve?

-Os diría que no caigáis en la trampa, por favor. Es el cuento de nunca acabar. Es doloroso, costoso, odioso. Echadnos una mano a nosotras. La energía que vais a gastar en depilaros, invertirla en leer los cuerpos femeninos desde otras claves y en dejar de presionarnos para que nos depilemos.  

-En los últimos años se ha extendido la depilación de los genitales. Muchas personas lo justifican diciendo lo hacen por higiene. ¿Qué piensa?

-Lo higiénico es tener vello. Incluso en los protocolos médicos, en los que hasta hace unos años se solía afeitar la zona, ya no se hace. Se sabe que eso trae luego más infecciones y es peor. Yo insisto: no quiero hacer proselitismo de nada. Cada una que haga con su cuerpo lo que le parezca porque muchas veces tomamos decisiones que no van a favor de nuestra salud. Si yo decido comerme un croissant sé que, a lo mejor, para mi salud esa no es la mejor elección. Pero valoro pros y contras y decido. Lo que no puedo es decir que comer croissants es muy sano y que lo hago porque va muy bien para mi salud. En ese sentido, te puedes depilar por mandato estético o por lo que sea, pero está claro que por higiene no es. Lo higiénico es tener esta capa protectora que atrapa las bacterias, que no deja que lleguen a la piel y que nos protege. En los genitales es súper importante. 

-Dice que se está empezando a pedir depilación a niñas de ocho y nueve años para evitar que sufran. ¿Existe mucho acoso escolar por ese motivo?

-Sí. No es muy frecuente que las niñas tengan vello púbico antes de la pubertad, pero las que lo tienen sufren mucho acoso. Entonces, la respuesta es depilarlas en lugar de atacar el acoso. Si no es por el vello, te acosarán por las gafas, por el peso o porque eres negra. Se acosa porque hay acosadores y se permite. En el momento en el que se traba el acoso, y se trabaja a nivel de escuela y familia, eso se termina. Pero en vez de hacer ese trabajo, que es más profundo y costoso, algunas familias optan por eliminar el vello y que así se termine todo. Eso me parece muy fuerte. Que un problema de violencia se trate así, porque se educa en dos sentidos. En primer lugar, a los acosados se les dice: «Tú acosa que, al final, tiene efecto y tu violencia usada para controlar a las chicas va a funcionar». Y a las niñas se les dice que la opinión de los demás cuenta y que es tan importante que te vamos a depilar, para poder cumplir con ella. Ambas cosas son muy violentas y muy perjudiciales para todos. Especialmente para las futuras mujeres.  

 -Pese a todo, al final confiesa que sigue sintiéndose mal cuando ve pelos en sus piernas cuando va con falda. ¿Por qué?

-Sí, claro que me pasa. Porque he sido educada para odiarlos y, por lo tanto, es un proceso de desprogramación. A mí me ayuda mucho la mirada sobre los demás cuerpos. Es mucho más fácil ver los cuerpos peludos de las demás mujeres y aceptarlos sin ningún esfuerzo, encontrando incluso atractivas a mujeres muy peludas. Sin embargo, esa mirada sobre mi misma me cuesta más. Creo que es común en muchas mujeres, que somos más amables en cómo miramos a las demás que en cómo nos miramos a nosotras. ¿Si estas piernas fueran de una amiga pensaría esto tan violento que estoy pensando sobre mis piernas? ¿Verdad es que no? Pues a ver si me trato con más cariño. Estoy en ese proceso y creo que es muy positivo. Hay todo un movimiento de positividad  y neutralidad corporal muy potente, que habla de que el cuerpo es muy importante por otros motivos y que tenemos que ser más amables con ellos. Dejar de arrancar el pelo de mi cuerpo, que es tan doloroso es una forma de quererme y de cuidarme. Todavía estoy en ese proceso.

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