Las excursiones que ya no se disfrutarán

La Voz

SOCIEDAD

MONICA IRAGO

Ese paso del colegio al instituto se suele celebrar con algún viaje, lo que nos da pie a rescatar otra batallita

19 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

 

El miércoles por la tarde, en el Anexo A Lomba se vivió una pequeña fiesta de despedida para los alumnos que cursaron sexto de Primaria y que, por lo tanto, abandonarán el centro para comenzar en septiembre a cursar sus estudios en algún instituto. Ese paso del colegio al instituto se suele celebrar con alguna excursión, lo que nos da pie a rescatar otra batallita. Ya contamos que mantenemos buena relación, y grupo de WhatsApp, la promoción de los nacidos en el 72 que estuvimos en el colegio José Antonio (ahora A Lomba). Tuvimos nuestra excursión, por supuesto, al concluir octavo de EGB. Era una excursión ganada a pulso. Todos los domingos del curso hubo que madrugar para acercarse a la confitería Ankarr y recoger los cruasanes que se vendían casa por casa para recaudar fondos con los que sufragar los viajes. Conseguimos el dinero suficiente para poder ir a Mallorca. Viaje maratoniano en autobús hasta Valencia y luego ferri hasta la isla. Los camarotes se contrataron para almacenar el equipaje y cada uno durmió donde pudo, básicamente en una estancia enorme a la que nos llevaron y allí nos quedamos. Algo inimaginable hoy en día, claro, pero por algo esto es una batallita. El hotel estaba lleno de belgas que se pasaban el día tomando cerveza en la piscina. Eso ellos. Ellas tomaban el sol en toples, para sorpresa de los jovencitos vilagarcianos, que pronto decidieron que echar un partido de waterpolo contra los belgas en la piscina era mejor plan que bajar a una playa en la que abundaban las medusas. La cuota cultural la cubrimos con la obligada visita a las cuevas del Drach, hecha a toda prisa para volver cuanto antes a la piscina. Hubo un duelo España-Bélgica, pero de verdad, porque coincidió nuestra estancia en Mallorca con el Mundial de México 86. Aquel partido fue de noche, y los belgas llevaban ya tal cantidad de alcohol encima que casi fue mejor que Eloy marrara aquel penalti. En fin, la excursión de octavo. Un rito iniciático que surge en la charla cada vez que nos juntamos porque, además, alguno ligó, y que la pandemia, desgraciadamente, ha birlado a toda una generación.