Julio Anguita aprendió a leer en Vilagarcía

Llegó a Vilagarcía con algo más de tres años para estar con sus abuelos paternos, Manuela y Julio, y fue el «perseverante» Julio, quien le enseñó a leer, según una entrevista realizada al que fuera líder de IU


Vilagarcía / La Voz

El enlace me lo mandó por WhatsApp Diego Alcaine, que sería mi yerno preferido, en el caso de que tuviera yerno o nuera. Situación que se acerca cada vez con más fuerza, por otro lado. Alcaine ejemplifica todo lo contrario al cuñadismo, pero no cae bien a todos. A mí, sí. En su guía cuenta muchas de las cosas que contábamos los periódicos antes, pero que ahora hemos decidido omitir «Coge el periódico para ver qué farmacia está de guardia». «No lo pone». «Coge el periódico para ver a qué hora hay autobús a Pontevedra». «No lo pone». Ya sale en Internet les explicas. «Ya, y lo próximo será que tengamos que reservar cita por Internet para ir a la playa». No querías caldo, siete tazas. O siete códigos QR.

Retornemos al inicio. Alcaine me mandó un enlace del Diario de Córdoba en el que se cuenta que Julio Anguita aprendió a leer en Vilagarcía. Llegó con algo más de tres años para estar con sus abuelos paternos, Manuela y Julio, y fue el «perseverante» Julio, según cuenta Matilde Cabello en su artículo, quien le enseñó a leer. Algo más de dos años estuvo por las tierras arousanas, hasta que pudo reencontrarse con sus padres. «Fueron tiempos que quedaron para siempre en la retina y el corazón de aquel pequeño, criado por los padres de su padre, a los que perpetuamente asociará y vinculará sus primeros recuerdos: las ferias, los tebeos, los primeros libros: el despertar», escribía Matilde Cabello en El Diario de Córdoba.

A veces también leemos motu proprio. Sucedió el sábado, sin ir más lejos, cuando publicó en Público Juan Carlos Monedero un obituario en el que contaba que cuando cruzaron Despeñaperros él y Pablo Iglesias para explicarle Podemos, Julio Anguita los citó en el bar de enfrente de su casa a la hora del aperitivo. Los bares. Qué cosas pasan en los bares.

Regresemos a Vilagarcía. No recuerdo si fue en los últimos días del 2019 o en los primeros del 2020. Sí recuerdo que fue la última vez que vi al actual Secretario de Estado de Trabajo. Fue en A Perla, por supuesto. Con un pie aquí y otro allá porque Joaquín Pérez estaba en plenas negociaciones para la formación del bipartito. Recuerdo que hablamos de Yolanda Díaz y que el menda, desplegando todo su fino instinto periodístico, fue bastante romo en sus alabanzas. Con toda la lógica, me debió mandar a la mierda sin decírmelo. No recuerdo quién pagó la última ronda. La próxima es mía. Por listo.

Joaquín Pérez, otro con ascendencia arousana. En su caso por vía paterna. Como Willy Meyer, miembro de la dirección federal de Izquierda Unida y que fue eurodiputado y pieza clave para la consolidación del PCE en Vilagarcía. ¿Habrá que cambiar aquella estrofa que dice «Vilagarcía, cuna del fútbol de la nación» por «Vilagarcía, cuna de rojos de la nación»?.

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