En la comarca ferrolana hay 9.000 trabajadores con ERTE y otros 2.200 perdieron sus puestos
26 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Ha transcurrido un mes y medio desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma en el país, pero la sacudida que ha dado la pandemia al mercado de trabajo de la comarca ha sido tal que en menos de 45 días ha acercado de nuevo el fantasma de la crisis que asoló el país durante la década anterior. Mientras algunas empresas y sectores empiezan a aplicar lo que se ha bautizado como desescalada de las medidas restrictivas de la actividad por la crisis del covid-19, pocos dudan de los efectos devastadores sobre el empleo y el tejido empresarial, aunque la clave es durante cuánto tiempo se mantendrán.
No obstante, como sucede en el conjunto del país, algunos de los principales indicadores del mercado de trabajo encienden las luces de alarma en una situación que genera grandes dosis de incertidumbre. Así, de acuerdo con la información de la que dispone la Consellería de Economía, actualmente hay cerca de 2.000 empresas que han optado por presentar Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), la mayoría por causa de fuerza mayor, que afectan a cerca de 9.000 trabajadores. Solo en tres semanas, la cifra de firmas que se han acogido a este tipo de medida se ha incrementado en un 21 %, mientras que el grupo de los empleados con sus contratos suspendidos se ha incrementado en un 16 %.
Otro de los parámetros que muestra el duro rostro de la pandemia es el que marca las afiliaciones a la Seguridad Social. Solo de febrero a marzo, 2.200 personas perdieron sus empleos en las comarcas de Ferrolterra, Eume y Ortegal, siendo el sector primario el que mejor comportamiento registró, conteniendo con más fuerza la oleada de destrucción de puestos de trabajo que ha traído consigo esta situación.
La savia que da vida a las ciudades, es decir los comercios y los establecimientos de hostelería están cerrados, puesto que están considerados como no esenciales, y los que están abiertos lo hacen con horarios restringidos. En este tiempo se ha exprimido al máximo el teletrabajo,
Un mes y medio después de que comenzase el confinamiento de la población, uno de los principales motores económicos de la comarca, Navantia, sigue sin recuperar el pulso, aunque ha empezado a retomar tímidamente algunas tareas con sus firmas auxiliares.
«El varapalo que va a sufrir el empleo va a ser muy grande»
La empresa de Luis González, Error Ferrol, pertenece a los sectores que cuentan con el permiso del Gobierno para funcionar pese al decreto de alarma, ya que se dedica a la reparación de ordenadores y teléfonos, entre otros. «Nosotros nos tuvimos que adaptar, y no permitimos el acceso al local desde el primer día, por lo que colocamos una ventanilla en el exterior», explica el dueño de este negocio, que afirma que ahora están empezando a notar cierto repunte en la actividad, «aunque la línea de comercio minorista se vio muy afectada». Pese a las limitaciones impuestas por esta pandemia -solo trabajan en horario de mañana, se mantienen a tres metros de distancia y se limpian los equipos cuando entran en el negocio- admite sentirse con suerte por poder mantener el establecimiento activo.
«El varapalo que va a sufrir el empleo va a ser muy grande y las medidas que se van a adoptar tienen que ser muy exigentes», afirma Luis, que como presidente de los jóvenes empresarios reclama la reducción de las cuotas de los autónomos.
«Me quedaría con el teletrabajo uno o dos días a la semana»
Laurent Moriceau es responsable de Proyectos de Reganosa, y uno de los muchos empleados a los que la pandemia del covid-19 ha obligado a teletrabajar. En su casa, su mujer también con esta misma fórmula, y además con tres pequeños de dos, cuatro y siete años. El hecho de que la empresa energética estuviese volcada en los mercados internacionales había facilitado el camino para el teletrabajo, por cuanto sus directivos contaban con todas las herramientas y estaban acostumbrados a establecer conexiones a distancia, como las que ahora se han generalizado.
Aunque es una fórmula con sus dificultades, Moriceau subraya también los aspectos positivos. «Tienes un contacto más cercano que nunca con tus hijos y además, como todos estamos teletrabajando, se ha desarrollado cierta tolerancia cuando nos llamamos, porque sabemos que puede haber interrupciones», explica.
Para intentar que su actividad no se vea resentida, afirma que intenta avanzar en el trabajo antes de que sus hijos se levanten e igualmente por las noches. Aunque admite la ralentización de muchas tareas, afirma rotundo: «Me quedaría con el teletrabajo uno o dos días a la semana».
«Lo peor es que no sabemos ni cuándo ni cómo va a acabar esto»
Es uno de los colectivos laborales que está padeciendo una mayor incertidumbre. «Lo peor es que no sabemos cuándo ni cómo va a acabar esto», sostiene Carlos Rodríguez, camarero de la cafetería Derby, perteneciente a un sector que fue el primero que tuvo que cerrar sus puertas y que, si se cumplen los pronósticos, será de los últimos en poder reabrir. Tampoco están nada claras las condiciones en las que podrán funcionar los establecimientos, aunque tiene claro que hay que salvaguardar la seguridad tanto de los clientes como de los trabajadores. «Si reducen el aforo máximo que puede estar en cada local, los empresarios no van a tener la misma plantilla, y eso sin contar que tengan que meterse a inversiones que después no valgan, como pasó cuando la Ley del Tabaco», sospecha.
Aunque todavía no ha cobrado la prestación por el ERTE en e que está inmerso, lo que incrementa aún más su temor sobre su futuro, valora que tanto el dueño del negocio como sus empleados se apoyen mutuamente. «Todos tenemos mucha incertidumbre, pero nosotros no sabemos cómo a va a ser el mañana», lamenta.