Una guardia civil y dos médicos de Ourense buscan al inquilino que les dejó un mensaje de apoyo en el ascensor
17 abr 2020 . Actualizado a las 22:45 h.En un edificio ubicado en la calle Sáenz Díez de Ourense conviven tres sanitarios, una guardia civil, un técnico de ascensores y un periodista. Podría parecer el inicio de un chiste, pero no. Es el comienzo de una historia de agradecimiento en una comunidad de vecinos con 14 pisos y casi la mitad de sus inquilinos en profesiones que exigen salir del confinamiento.
Este miércoles no fue un día cualquiera para Sonia Teijeiro, agente de la Benemérita adscrita al servicio de Emergencias. Al entrar en el ascensor por la mañana se encontró una nota. En ella, alguien había escrito: «A los profesionales que estáis trabajando, gracias. Cuidaos». Bajo el folio, otra hoja con el símbolo de unos aplausos. «Llevo 30 años en la Guardia Civil. Y claro, esto te da fuerza para ir a trabajar y se agradece mucho», dice.
Podría parecer una casualidad, pero el gesto vino casi a continuación del insulto sufrido por una ginecóloga en Barcelona a la que pintaron su coche, y sobre ello reflexionaban Pere García, coordinadora de Admisión en el área sanitaria provincial, y Álvaro de Castro, médico de familia en el CHUO que dirige los servicios sociosanitarios entre Piñor y Baños de Molgas. «Lo vi el miércoles a la noche al llegar de trabajar. Y al principio miré la nota con recelo, porque ya no sabes qué te vas a encontrar. Y fue emocionante, porque vuelves a casa cansada y es una forma de dar un empujón a los que estamos en primera línea», dice García.
Ahora queda un enigma por resolver: quién es el autor. De Castro no se atreve a hacer su quiniela, porque sospechaban del periodista, que por ahora está en Celanova. «Es difícil saberlo, porque aquí vino gente a vivir hace menos de un año», cuenta el facultativo. En su caso, casi no se dio ni cuenta de la presencia del papel, porque hay días que llega agotado y mantiene el respeto al coronavirus por su actividad diaria: «En mi casa están mi mujer y mis dos hijas, pero yo estoy durmiendo en una habitación individual. No sé lo que es darles un beso desde hace un mes», lamenta.
De Castro explica que no están viviendo episodios agradables. «En los últimos días hubo a quien le pincharon las ruedas del coche o le dejaron mensajes en el parabrisas, así que no es una situación cómoda», dice. Pero ahora, el equilibrio a esa lista de sinsabores lo ha puesto ese vecino anónimo, que sin querer también dio paso al homenaje de unos inquilinos del edificio de enfrente. Una hora antes de las 20.00, ellos se adelantaron para darles su aplauso a los tres desde una terraza.